Dublín ya tiene «Chinatown»

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GALICIA

La sociedad irlandesa se enfrenta a la novedad de tener un gran número de inmigrantes orientales y africanos, y a sus primeros casos de racismo

01 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

ANG sonríe cuando se le dice que un periodista quiere hablar con él. Pero no está claro si la causa de la sonrisa es que está de acuerdo o simplemente no entiende ni una sola palabra. Wang es chino, y como muchos compatriotas llegó a Irlanda para aprender inglés. Pero el aprendizaje se dilata -son lenguas antípodas- y acaba de montar un cibercafé sin café muy cerca de O''Connell street, en el corazón de Dublín. En algunos programas de los ordenadores aún hay caracteres chinos. En otros no hay teclas para pulsar la arroba. Pero sí hay una relajante paz cibernética y oriental. «Vine a Irlanda porque con mi nivel de inglés sería imposible ir a otro lugar», confiesa. Los irlandeses tienen fama de tolerantes con las insuficiencias verbales de los extranjeros. Les ayudan a sacar las palabras de la boca y separan lo chino de lo anglosajón como si fuera el grano de la paja. Tras una breve charla, Wang llama a un amigo. Le enseña una cámara. Se abraza al periodista. «¡Sonreid!», dice el de la cámara. Wang colecciona fotos con amigos occidentales. Y ya tiene una más. Asilo político Muy cerca del cibercafé de Wang, hay un barrio chino incipiente. En la calle Moore, chinos y guineanos, las principales aportaciones extranjeras a la población irlandesa, abrieron sus propios supermercados junto a las plazeras irlandesas de toda la vida. Muchos han conseguido asilo político gracias a una de las legislaciones más progresistas de Europa en acogida de refugiados. Pero también hay inmigración ilegal. Y si no que se lo digan a la pobre Laura Behan. Iba a casarse con el hombre de sus sueños, Femi Adesosi. El nigeriano se dirigía a la oficina del registro para formalizar el compromiso mientras Laura, peluquera de 19 años, esperaba impaciente a la puerta. Lo que no sabía esta joven era que su «sí quiero» se iba a convertir en «sí, pero es imposible» en boca de un agente de la Garda, el nombre gaélico de la policía. Los detectives esperaban a su prometido a la vuelta de la esquina para sabotear la ceremonia, pues Adesosi evitaría la deportación casándose con una irlandesa. Algunos familiares de la novia no disimularon su satisfacción por el matrimonio interruptus. Insinuaban que había tongo. La escritora irlandesa Maire ni Suibhne insinúa que en Eire, como en otros lugares de Europa, también hay racismo. «La irlandesa es una de las sociedades más homogéneas de Europa; el 95% son católicos y es difícil ver una cara de color fuera de Dublín», escribió para el periódico inglés The Guardian. La semana pasada, un chino de 29 años se convertía en la primera víctima mortal de un ataque racista en Irlanda. Los grupos antirracismo aseguraron que el crimen era la consecuencia lógica de los crecientes actos violentos que sufren los extranjeros. De momento, nadie ha ido a provocar a Wang en su webbería. Dice que los irlandeses «son muy buenas personas».