Si el euro simboliza perfectamente el espíritu común que desprenden los tratados de la Unión, la política pesquera se sitúa en el plano antagónico por vivir presa de los estados y estar sujeta a las excepcionalidades. La PCP debe ser reformada este año, pero la Eurocámara apostó por mantener las cosas como están o, lo que es lo mismo, defiende las restricciones de acceso a determinadas aguas, leyes de vínculos económicos y la disparidad. Las aportaciones hechas por el sector pesquero gallego, a través de la Xunta, para la reformar de la PCP no fueron tenidas en cuenta por la Cámara de Estrasburgo. Una de ellas propugnaba modificar el sistema de topes anuales, por un modelo de cuotas plurianuales, individuales y transferibles, aplicado con éxito en países como Noruega o Islandia. También preserva el principio de estabilidad relativa, que discrimina a países como España en el reparto de capturas y refuerza la regionalización de la pesca, no la integración.