El polvorín argentino ha puesto sobre la mesa la necesidad de adecuar a los tiempos actuales el tupido entramado de sociedades gallegas que afloraron en las épocas de la emigración masiva a América. Las más de medio centenar de asociaciones de Argentina afrontan el reto de canalizar las ayudas procedentes de Galicia para los más necesitados, que precisamente son aquellos que han quedado al margen de las instituciones, porque carecen de medios para pagar las cuotas o incluso por un extremado sentimiento de vergüenza. A diferencia del éxodo europeo, en el que funcionan asociaciones dirigidas a todos los gallegos, los esfuerzos de los emigrantes americanos por contribuir al desarrollo de su pueblo así como para mantener su microcosmos al otro lado del Atlántico generaron todo un minifundista mapa de Galicia esparcido por Buenos Aires y Cuba. Muchas de estas instituciones languidecen o, como en el caso cubano, se mantienen como sociedades de gabinete, detrás de cuyos pomposos nombres sólo funciona un apartado de correos. En las últimas décadas hubo fusiones aunque resultaron insuficientes. En Buenos Aires, varios centros de la comarca de Lalín se unieron, pero el de Vila de Cruces rechazó la integración.