El ataque de la maldición real

GALICIA

ÓSCAR VÁZQUEZ

El Celta, a pesar de lucir en su nombre el título de Real, continúa sufriendo la terrible maldición de la monarquía, real o ficticia. En los últimos años, cualquier acto que huela a realeza no alcanza un buen fin para los intereses celestes. Tres días después de la festividad de Reyes de 2001, Las Palmas arranca de rebote los tres puntos de Balaídos. Junio de 2001.

05 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El Celta pierde contra pronóstico la final de la Copa del Rey. Demasiadas coincidencias. No obstante, son generosos los mandatarios célticos con sus Majestades (de Oriente) y ayer les invitaron a realizar el saque de honor desde el centro del campo. Curiosamente, Baltasar-nada que ver con el ex goleador céltico con final en z-decidió chutar hacia el campo vallecano, como queriendo congraciarse con la afición local. Todo fue una maniobra de figurismo. Los buenos regalos se los dejaron al equipo visitante, quizá apiadados por el mal fario que persigue a los «chocolateros», últimos de la tabla y atracados por cuatro chorizos en sus propias oficinas. La competencia con la cabalgata oriental no restó concurrencia a las gradas del municipal. Mucho niño, pero tampoco tantos para ser gratis el acceso a los menores de quince años. Como diría aquel comentarista radiofónico, «una lástima el gol en las postrimerías del encuentro» porque la afición estaba disfrutando de la tarde y no se merecía el carbón final. Ni siquiera el habitual gol que deja Bolo en sus visitas a Vigo amargó la fiesta en las gradas. El personal, quizá todavía imbuido por el espíritu festivo de estos días, cantó, aplaudió y disfrutó con las buenas jugadas que trenzaban ocasionalmente Jesuli, el televisivo Karpin, Gustavo y compañía. Dicen que los Reyes Magos son tres pero en Vigo sabemos que no es cierto. El único rey que hemos visto hacer magia estaba ayer en las gradas, desesperándose por no poder actuar en su onomástica. Alexander recupérate pronto. La afición te echa en falta.