De la Ribeira Sacra a la Casa Blanca

Francisco Albo
FRANCISCO ALBO MONFORTE

GALICIA

La gallega Hilda Rodríguez trabaja en la oficina financiera del Partido Demócrata en Washington

03 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

La única persona de origen español que trabaja en las oficinas de recaudación del Partido Demócrata norteamericano en Washington DC nació en Doade, una aldea de la Ribeira Sacra lucense perteneciente al municipio de Sober. Hilda Rodríguez López, que vive en Estados Unidos con su marido desde 1959, ha recorrido muchas veces los pasillos de la Casa Blanca y se ha codeado con gente como Bill Clinton y Al Gore, pero no ha perdido el contacto con la tierra natal. Militante convencida del partido del borrico, sigue creyendo que la victoria electoral de George Bush fue «una cosa poco limpia». Aunque ha echado firmes raíces en su país de adopción, Hilda visita su pueblo natal todos los años y sigue cada día por Internet las noticias de la comarca de Lemos. «Quién nos iba a decir...» «Quién nos iba a decir que acabaríamos aquí, saliendo de un pueblecito que no tenía ni un colegio en condiciones», dice Hilda Rodríguez desde su oficina, cerca del Capitolio. En 1959, esta nativa de la Ribeira Sacra lucense abandonó Galicia para reunirse en Estados Unidos con el que sería su marido, César Pérez -natural de Brosmos, otro pueblo de Sober-, que ya llevaba allí siete años. El matrimonio echó raíces en su nuevo país, donde criaron a sus dos hijos y cuya nacionalidad acabaron por adoptar. Durante largo tiempo se dedicaron a los negocios de hostelería. Por espacio de veintidós años regentaron el restaurante Tío Pepe, especializado en cocina española y muy visitado por gente del mundo político y diplomático. Este ambiente marcaría el futuro de Hilda. Aunque sus actuales ocupaciones no tienen que ver con la gastronomía, la mujer no se alejó de la política. Desde hace diecisiete años trabaja para el órgano de recaudación del Partido Demócrata, donde se siente «muy contenta y feliz». Allí recibe las aportaciones voluntarias de los ciudadanos, las donaciones menores, las que no pasan de 20.000 dólares (22.168 euros) anuales. Durante los mandatos de Bill Clinton, su cargo la llevó a visitar a menudo la Casa Blanca, a dos pasos de su domicilio. Pese a la polémica sexual del anterior presidente con Monica Lewinsky, ella no ha dejado de admirar a Clinton, a quien saludó con emoción cuando visitó la oficina de recaudación del partido para despedirse, al término de su último mandato. «Es muy buena persona», dice. Esta admiración la extiende a todo el Partido Demócrata, del que es una militante acérrima. Desde 1984 ha participado en todas sus convenciones. «Es el partido que más defiende a la gente mediana y pobre», afirma con convicción. «Los republicanos están más con los ricos y así reciben las donaciones que reciben, que recaudan más del doble que nosotros». Bush y la guerra Hilda no parece compartir la adhesión que ha concitado el actual presidente tras el 11 de septiembre. «La forma en que Bush ganó las elecciones no me pareció muy limpia», comenta. «Bush está teniendo un gran éxito, pero habrá que ver lo que pasa cuando termine esta guerra y las cosas se normalicen». A su entender, los Estados Unidos no tuvieron más remedio que emprender la campaña bélica, pero también lamenta la situación, «porque están muriendo muchos inocentes».