Los pequeños ojos de la Justicia

La Voz

GALICIA

SERXIO GONZÁLEZ EN DIRECTO El magistrado Vázquez Taín traduce a un grupo de escolares el mecanismo de un juicio

02 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

L juez Vázquez Taín se gana a pulso desde Vilagarcía el calificativo de todoterreno. El magistrado combina el azote al narcotráfico con sorprendentes (por lo avanzado de su contenido) sentencias sobre Greenpeace o el contrabando de tabaco. Ayer, Taín abandonó por unas horas sus sesudos expedientes para llevar a cabo una tarea no menos compleja: aceptar el reto planteado por el Concello y traducir el funcionamiento de la Justicia a escolares de entre seis y diez años. Visto lo visto, el titular del juzgado número 1 de Vilagarcía podría cambiar su toga por una bata de maestro sin despeinarse. Para empezar, las cosas claras. El juez borró de un plumazo los clichés que la factoría hollywoodiense implanta sin desmayo en las mentes infantiles, y más maduras. Taín optó por escenificar un juicio a la americana, en el que los protagonistas fueron los propios niños. Pero desveló los males del jurado. «Todo lo que veis en las películas no sucede en la realidad, y el jurado es un sistema que funciona muy mal; si los abogados son listos os van a marear», advirtió el magistrado al inquieto público, encargado por un día de dictar sentencia. Después, la cosa derivó por los cauces más variopintos. Más interesados por la parafernalia que por el desarrollo del juicio, los pequeños preguntaron de todo a un didáctico Taín. Desde un sincero «¿se aburre usted?» a la sorpresa general por la ausencia de un mazo en el tribunal. La toga concentró buena parte de sus miradas -«es una gabardina», sentenció un escolar a un amiguete-, y el juez aprovechó la jugada para colar una lección de historia: «El modelo de la toga española es el más antiguo del mundo, es el mismo desde 1815 y todos los demás lo copiaron». Más detalles: «No tenemos que llevar peluca ni tacones, como en Inglaterra o Alemania». Todo un alivio. ¿Dónde están los malos? Pero si algo llamó la atención de los pequeños, era el papel de los acusados. «¿Dónde están los malos?». «Están todos en la cárcel, aquí no los podemos tener, porque no podríamos darles de comer», explicó Taín. Y ese fue el detonante de toda una serie de cuestiones sobre la manutención de los presos, el contenido de su menú -«¿comen patatas?, ¿helados de chocolate?»- y su actividad entre rejas. «¿Les hacen picar piedras?», interrogó una niña de siete años. «No, trabajan si quieren en talleres y ganan dinero», aclaró Vázquez Taín, rompiendo el encanto de los trabajos forzados. El interés por el seductor lado oscuro merecía un buen final: una visita a las celdas.