CARLOS PUNZÓN PERFIL Carlos Príncipe, líder del PSdeG vigués
19 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.A confianza que en él depositó Manuel Soto le hizo tocar poder como concejal del Ayuntamiento de Vigo en 1983. Y llegó más alto cuando en el 91 su padre político abdicó en su favor el puesto de alcalde. Ahora, Carlos Príncipe quiere otra oportunidad para volver a conseguir el bastón de mando de la ciudad. Una oportunidad ante las urnas ya concedida y perdida dos veces. En eso se basan sus detractores para exigir renovación, pero esas pruebas ante el electorado él las exhibe para intentar convencer hablando de su «amor, entrega» y sacrificio por su ciudad. Pero como en la obra que Shakespeare dedicó hace cinco siglos a otro príncipe, el misterio, la traición, la amistad, la venganza y hasta el amor se entremezclan en el devenir del PSOE vigués hasta hacer imposible discernir quién será su candidato a la alcaldía dentro de año y medio. Príncipe quiere, pero aún no se sabe si podrá. El comité federal dice que no, que no podrá ser. El comité gallego mira para otro lado. Y él quiere que hablen sus militantes. «Hasta dormidos» En Vigo pocos son ya los apuntados en el listado local del PSOE que no comulgan con sus tesis. Otros se fueron, en brazos de Soto o a casa, y los más rebeldes con el aparato del partido en la ciudad cayeron en su particular batalla. Por eso, Príncipe mantiene que «hasta dormidos» los militantes vigueses optarían por él en unas primarias, en las que además ni de lejos se adivina un contrincante. Sin embargo, el teniente de alcalde, senador y secretario xeral del PSOE vigués no tiene el mismo predicamento entre el grupo de concejales que él mismo fichó. Tres de los seis le cuestionan abiertamente, otra duda, la quinta le apoya y la sexta aún no ha tomado posesión tras la marcha de la que antes fue su amiga, asesora y bastón fiel Dolores Villarino. Santiago y Madrid se apoyan en esos críticos, pero en Vigo nadie lo tiene tan claro. Mientras, Príncipe, el concejal más veterano de la corporación, mueve ficha, presenta su programa y reta al aparato a que se atreva a decir en público que no puede ser candidato. Ser, querer ser o poder ser, esa sigue siendo la cuestión.