M. G. REIGOSA EL PERFIL José Mª Caneda, presidente del Compostela
30 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.OSÉ María Caneda no conoce las reglas del mus. Pero es un tipo de órdagos, de los de doble o nada. Sólo así se explica que el Compostela transitase durante cuatro años por la Liga de las Estrellas. Antes, en Tercera División; después, en Primera; y ahora, en Segunda B, siempre fue fiel a un perfil de bucles y contradicciones. Eso sí, no mudó sus costumbres, ni siquiera corrigió su querencia por los discursos impetuosos. Prefiere el «digo lo que pienso» al «pienso lo que digo». Y, si es menester, «donde dije digo, digo Diego». Pero sólo si es menester. De su retórica incendiaria sólo se ha salvado, hasta el momento, don Manuel. No Lopera, el del Betis; si no Fraga, el presidente de la Xunta. Y eso a pesar de que fichó en la antesala de las elecciones municipales por el Partido Popular. En el PSOE, en el BNG, en la Federación Española de Fútbol o en la Liga de Fútbol Profesional también pueden dar fe de la capacidad de Caneda para despachar pensamientos en voz alta. Sus tiempos de atleta El Caneda que en sus tiempos de atleta confundió a un botones en Madrid con un raterillo al que tumbó de un croché cuando se disponía a recoger su maleta (la anécdota la cuenta él), es el mismo que invitó a Festus Agus a pasar la Nochebuena con su familia. Agus es un futbolista nigeriano que probó fortuna en el fútbol español. Era tan rápido que casi tenía tiempo para sacar un córner y llegar al remate. Pero ese 24 de diciembre el presidente lo encontró solo en la cafetería del hostal en el que pernoctaba. A última hora de la tarde, el jugador se iba a su habitación, como cualquier otro día. Caneda le cambió la agenda sobre la marcha. La biografía de Caneda está salpicada de vivencias y anécdotas que reflejan el perfil de un personaje al que no le gusta que lo contradigan, capaz de mostrar su lado más beligerante y el más entrañable. La juez Mercedes Santana activó en el presidente la vertiente más impulsiva. El presidente del Compostela leyó la sentencia y lanzó el órdago. Como en el mus, con juego o sin juego, al todo o nada.