FRANCISCO ESPIÑEIRA FANDIÑO CRÓNICA Enfermos del Clínico de Santiago obligados a recibir tratamiento en Vigo han de costear la A-9 si no quieren que la ambulancia circule por la N-550
06 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.L calvario empieza cada día a las ocho de la mañana. Una ambulancia medicalizada recoge a los pacientes por diferentes puntos de Santiago. Luego los traslada a la clínica Povisa, en Vigo. «Hasta hace pocas semanas, los pacientes que se sometían a radioterapia tenían todo a su alcance en el Clínico. El problema es que ahora nos dicen que la bomba de cobalto tiene no sé qué disfunciones y nos hacen ir a Vigo cinco días a la semana», informa uno de los damnificados. La bomba de cobalto a la que hace referencia el enfermo es una máquina que, según fuentes del complejo hospitalario santiagués, está valorada en 240.404 euros (40 millones de pesetas). «Es un aparato de segunda generación, aunque en los próximos días entrará en funcionamiento un ala nueva del edificio con el material más moderno de Galicia», afirma un médico del Clínico. Esas promesas de bienestar no sacian el malestar de los veinte enfermos que cada día tienen que desplazarse hasta el hospital vigués para recibir su tratamiento. «Nos meten de cuatro en cuatro en las ambulancias de Mirazo o Casablanca y nos tienen durante dos horas a bordo de un coche completamente cerrado», dice una de las usuarias. «¿Dos horas?», inquiere el despistado periodista. «Sí, sí. Has oído bien. Nos llevan por la carretera de la costa. Debe ser para que salga todo más barato. Pero son dos mil miserables pesetas a la ida y otras tantas a la vuelta. No creo que sea para tanto pagar el peaje de la autopista. Hablamos de la salud de la gente no de una cosa cualquiera», insiste otro de los afectados. El pasado viernes, uno de los pacientes, harto de las incomodidades de la ambulancia, decidió pagar de su propio bolsillo el viaje de ida y vuelta a través de la A-9. «Por cuatro mil pesetas (24,04 euros) no merece la pena sufrir», se oyó decir en la unidad médica. Si sigue aflojando la billetera, los veinte días de tratamiento que aún le restan le van a costar alrededor de 601 euros (99.998 pesetas).