J. Á. FARIÑAS ANÁLISIS Un jurado decide el martes si la coruñesa Loli Vázquez mató a Rocío Wannikhof
15 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.OS nueve malagueños buenos a los que el azar les ha encomendado la tarea de impartir justicia en nombre del pueblo tienen en sus manos el devolver a Loli Vázquez a la prisión malagueña de Alaurín de la Torre, donde se encontraba al frente del economato y donde dedicaba sus horas libres a la práctica del baloncesto, o a su chalé El Retiro, en la Cala de Mijas. Allí le aguarda postrada en una cama su madre, a la que, al parecer, le han contado que Loli ha tenido que volver a Londres por razones de trabajo. El jurado no lo va a tener nada fácil. Se enfrenta a uno de los crímenes con mayor repercusión mediática de los últimos años, en el que cada cual ya tiene su propio veredicto. La ausencia de pruebas de cargo directas contra la acusada le obligará a decidir en base a simples indicios. Indicios que, como recordó en la vista oral el abogado defensor de la acusada, pueden ser suficientes para detener y procesar a una persona, pero nunca para condenarla. EN CONTRA DE LA ACUSADA Los datos circunstanciales que juegan a favor de las tesis de las acusaciones son los siguientes: El perfil psicológico. Todos los testimonios coinciden en que la víctima odiaba a la acusada. Tiene una «personalidad homicida, incapaz de admitir los hechos», según un perito. Estaba desquiciada después de saber que Alicia Hornos, su antigua amante y madre de la víctima, había iniciado una relación con un hombre. Las contradicciones. La noche del crimen (9 de octubre de 1999) la acusada dice que salió de casa sólo unos minutos a comprar tabaco. La cocinera del bar de al lado declaró que, efectivamente, esa noche Loli entró en el local sobre las once y media a comprar tabaco. Pero venía de correr y traía una riñonera. La acusada, además, mantiene que sus sobrinos llegaron a casa ese mismo día 9, pero una vecina con la que Loli fue a una boda al día siguiente declaró que le había dicho que su sobrina llegó ese mismo día por la mañana. Por último, la chacha ucraniana que trabajaba para Loli declaró en el sumario que el apuñalamiento del pasquín en el que aparecía la imagen de Rocío fue el 4 de noviembre, cuando ya había aparecido el cadáver. En el juicio dijo, sin embargo, que el hecho ocurrió mucho antes. Lo que dice la pitonisa. La vidente Marisa Soriano declaró que Loli acudió a su consulta antes del crimen (abril de 1999) para tratar de conocer el futuro de su relación con la madre de la víctima. Explicó que la acusada le dijo que Alicia -la madre de la víctima- «lloraría lágrimas de sangre». A FAVOR DE LOLI Pero Loli Vázquez cuenta también con importantes bazas para ser exculpada. Sin pruebas materiales. Nunca apareció el arma homicida. Tampoco hay rastro del coche en el que, supuestamente, fue trasladado el cadáver hasta el lugar donde fue hallado. Los peritos dictaminaron, además, que las dos huellas dactilares que aparecieron en las bolsas encontradas cerca del cadáver con ropa de Rocío no coinciden con las de la acusada. Una actitud ejemplar. Frente a los testimonios sobre las malas relaciones entre Loli y Rocío, la acusada presenta un hecho irrefutable: le dio empleo en el hotel que dirigía cuando ya había abandonado a su madre. Además, del examen de las llamadas realizadas la noche del crimen desde la casa de la acusada, se desprende que una se produjo a las 22.30 (de 36 minutos de duración), y otra a las 23.17, (2 minutos). ¿Cuándo salió entonces a hacer footing? Y otro dato importante. Las rodadas que aparecieron en el escenario del crimen no coinciden con las del coche de Loli.