Un enfermo de corazón de Cariño invierte siete horas en acudir a rehabilitación a Ortigueira, a sólo veinte kilómetros de su casa Ni siquiera el sol acompaña a José Antonio Painceira en los inicios de un viaje que arranca a las ocho de la mañana y no concluye hasta pasadas las tres de la tarde. Siete horas para recorrer los 19 kilómetros que separan su casa en Cariño del centro de rehabilitación de Ortigueira, al que le fuerza un infarto desde el pasado noviembre. Siete horas y mucha paciencia para tan sólo 45 minutos con la fisioterapeuta. Cuatro autobuses, otros tantos kilómetros a pie y varias esperas al aire libre. No es el único que afronta esta odisea. El autocar directo entre ambas localidades sólo funciona los jueves, cuando hay mercado en Ortigueira.
25 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.José Antonio no viaja solo. En un bolsillo lleva las pastillas del corazón, y en el otro el inhalador que le devuelve la vida cuando le fallan los pulmones. Tiene 72 años, cotizó durante 41 a la Seguridad Social y ahora echa en falta que le paguen lo que se merece. Solicitó al Servicio Galego de Saúde (Sergas) una ambulancia que le hiciera más llevaderos los viajes. Respuesta negativa, porque, según el Sergas, no es un paciente que precise de ese servicio. El taxi era también una opción, pero las 77.000 pesetas mensuales de su pensión no se lo permiten. Al fin y al cabo, son diecinueve kilómetros los que tiene que recorrer hasta llegar al centro de rehabilitación de Ortigueira. Costumbres Cuando llega a casa, las agujas del reloj sobrepasan las tres de la tarde. El infarto que sufrió le ha hecho mudar sus costumbres: ya no come a la una, ya no trabaja la huerta. Y todo por la deficiente comunicación entre dos municipios que hace menos de veinte años eran uno. Entonces, Cariño decidió independizarse, y en la mente de su actual alcalde, Fernando Tallón, está ser autosuficiente en materia sanitaria para evitar odiseas como la de José Antonio. Mientras, quien ose viajar al municipio vecino en transporte público pasa una hora en autobús y casi cuatro aguardando en las paradas. En el caso de los enfermos, es la Inspección Médica del Sergas la que determina la necesidad o no de una ambulancia. A pocos metros de la casa de José Antonio pasa una a diario, pero siempre de largo.