Tierra sobre el 430 y el 431

La Voz

GALICIA

EMILIANO MOUZO CRÓNICA Sepultados los polizones de Togo

15 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

ÍA 15 de agosto de 2001. Festividad de la Asunción de la Virgen. A las diez de la mañana, dos féretros de madera identificados con los números 1 y 2 abandonan la sala de autopsias del cementerio de Feáns. Media hora después, los ataúdes llegan al camposanto de Oza, un lugar desierto. Tan sólo dos hombres, los enterradores, esperan a la comitiva, compuesta por los dos conductores de los coches fúnebres. Una cama de tierra fresca recibe a los dos ataúdes. Como en el puerto de Lomé (Togo), nadie despide a los dos polizones, nadie les llora con pañuelos y flores. El silencio presente es roto por el rezo silencioso de los dos sepultureros. Más tierra negra cubre los féretros. Dos tablas de madera, en forma de cruz, se clavan en el terreno. En ellas, sobre fondo blanco, hay pintados en negro luctuoso, como el color de los dos hombres muertos, los números 430 y 431, la única pista que ahora identifica a quienes se dieron de bruces con la muerte al tratar de escapar de ella. Al lado de sus sencillas sepulturas se encuentran el lujo y las flores. Una lápida reza: Ningún lugar está lejos. Dieciséis días antes, los dos hombres iniciaban su último viaje desde una república centroafricana. Fue un caluroso 29 de julio de 2001 en Lomé. Dos jóvenes de raza negra, uno de entre 29 y 30 años y otro de entre quince y veinte, embarcan a bordo del mercante Evangelos. Quizás nadie hizo ondear los pañuelos en señal de despedida, ni lloró su marcha. La bodega del buque, cargada con semilla de algodón, su lugar de escondite, pasó de ser un lugar de esperanza a convertirse en una cámara de gas. Jamás vieron partir el buque que les conduciría a la libertad. Sus cuerpos, de 174 y 180 centímetros, descansaron durante catorce días en un colchón de semilla de algodón, esperando la llegada de la putrefacción. El 13 de agosto el Evangelos llegó a A Coruña convertido en un féretro flotante. El penúltimo viaje del 430 y el 431 se realizó a bordo de coches fúnebres en dirección al cementerio de Feáns. Un día después, una forense certificó la muerte por asfixia de los incautos, que huyeron de Togo con sus bolsillos llenos de galletas y sus corazones de esperanza. Sólo la tierra fresca de Santa María de Oza, sólo una fosa común para desheredados reclamó sus cuerpos, los 430 y 431 de un cementerio a 7.000 kilómetros de Togo.