La plantilla del Celta ha llegado a Sevilla convencida de lograr la Copa

JUAN VILLAR Enviado especial SEVILLA.

GALICIA

28 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La temperatura empieza a subir. ¡Illa, illa, illa, ya estamos en Sevilla! El Celta ha llegado a la ciudad del duende, al escenario en el que puede obtener el primer título de su historia: esa Copa del Rey que se le ha resistido en otras dos ocasiones y que todo Vigo espera que a la tercera sea la vencida. Una expedición integrada por cerca de doscientas personas con jugadores, cuerpo técnico, directiva, personalidades, periodistas y algunos aficionados llegó ayer a la capital andaluza, donde reinaban más de treinta y cinco grados de temperatura. El calor atmosférico está garantizado, pero el que se irá incrementado a medida que se vaya acercando el gran momento de la final frente al Zaragoza, será el calor ambiental. El vuelo fue breve. Tras cincuenta minutos en el aire y alguna pequeña turbulencia la expedición tomó tierra. Todas las miradas se dirigen de momento hacia los protagonistas, que son los jugadores. Víctor Fernández ha decidido que la mejor medida era permitir que viajasen los veintiséis futbolistas que integran la plantilla celeste, y que pudiesen venir a Sevilla acompañados de sus familiares: algunos lo han hecho con sus mujeres, otros con mujer e hijos y alguno con sus padres incluso. Una final es un momento único. La consecución de un título es algo de lo que muy pocos priviilegiados pude presumir, y los célticos tienen la ocasión histórica de ser campeones. La euforia es controlada, y los llamados a la gloria no quieren dejarse contagiar por el optimismo reinante en la afición. El presidente, Horacio Gómez, asumía ayer el papel de favorito «porque hemos hecho mejor temporada que el Zaragoza», sin embargo advierte de que este estado eufórico debe ser relativo porque «en un partido pueden pasar muchas cosas y cualquiera de los dos equipos puede llevarse la final». En el entorno de la plantilla no existe la tensión previa que se espera de un gran acontecimiento. A medida que se acerque la cita pueden empezar los nervios, pero la predisposición de los jugadores es de relajación. Hay muchas ganas, eso sí, de que llegue el momento. Nadie se acuerda de que hace casi doce meses que empezaron a competir y que han tenido que afrontar una temporada muy dura y cargada de partidos importantes. En estos momentos todos se olvidan de cualquier cansancio, o molestia física que pueda padecer. Gustavo López está dispuesto a forzar lo que le permita su pubalgia, Edú también pretende estar a disposicion de Víctor Fernández a pesar del esguince que sufrió en el entrenamiento del miércoles. La avanzadilla ha llegado. Entre hoy y mañana, Sevilla se irá tiñendo de un color especial: el celeste.