El conflicto de la joven de Boborás reclamada por su madre se cierra tras un proceso judicial de cuatro años
26 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Elena Fernández tiene apenas 14 años pero ya sabe lo que es enfrentarse a la parte más dura de la vida. Desde 1997, cuando su madre, residente en Suiza, la reclamó judicialmente para que abandonase Galicia, donde vive con su tía materna, la niña pasó por momentos muy difíciles. Instantes que, quizá con un mayor diálogo, le hubieran permitido disfrutar de su infancia sin pasar de golpe al mundo de los adultos. Las dificultades parecen, por fin, aparcadas, con la llegada esta misma semana -aunque no quiere revelar el día exacto- de su madre, Conchi. Viene a Boborás para recogerla y pasar el verano en el país alpino. Concepción Rodríguez llega dolida por lo sucedido y con mucho recelo por la difusión de una noticia que hubiera preferido solucionar en la intimidad. Unos sentimientos que no le impiden, aunque sea brevemente y por teléfono desde su hogar suizo, reconocer su regocijo por la solución de este conflicto. «La niña está bien, mis padres y mi hermana también y yo satisfecha porque todo se haya solucionado ya y de la mejor manera posible», dice. Sin embargo, su hermana Josefa, que ha criado a la niña, se muestra, más que satisfecha, resignada, con «un arreglo bastante bueno dentro de todo lo que había». Asegura que Elena está ahora tranquila y que se encuentra «contenta, animada y bastante bien». No quiere tampoco desvelar la fecha concreta en la que su hermana llegará a España, aunque confirma que vendrá pronto a buscar a Elena para que pase, en principio, los meses de verano, y regrese después a seguir el curso escolar en O Carballiño. Convivencia difícil «Estará allí todos los días que pueda. Si se encuentra bien estará más tiempo y si no, no. Regresará cuando ella decida», afirma Josefa Rodríguez, a la vez que pronostica que durante la estancia en Suiza la niña deberá «realizar un esfuerzo por su parte porque la convivencia no es fácil». Mientras el día de su marcha no llega, Elena disfruta ya de sus vacaciones escolares. Conchi espera el paso de las horas que le permitirán estar por fin con su hija y Josefa se prepara para echar de menos a una sobrina a la que quiere como una hija. Una familia, ahora de acuerdo, que nunca debió dejar de estarlo, y una niña, Elena, protagonista de una historia que no tendría que haber vivido.