La inexistencia de denuncias de desaparición y de documentos en registros civiles que identificaran a la familia Castro dificultó la búsqueda de pistas en Argentina. Pero, esa falta de pruebas también complicó la vida de Fermín Castro, que desde Galicia y con gran curiosidad por conocer el destino de su hermano y de su sobrino acudió, a mediados de 1999, a un congreso organizado por el departamento de Migración de la CIG en Lugo. En este encuentro se denunció la desaparición de centenares de gallegos durante la dictadura argentina. Allí supo Fermín que los militares argentinos no solían asesinar a los niños pequeños, por lo que era muy probable que su sobrino Martín siguiera vivo en el seno de alguna familia cercana ideológicamente al régimen. Entonces comenzó a funcionar la maquinaria que propició un intenso intercambio de información entre la central sindical gallega y las organizaciones a favor de los derechos humanos de Sudamérica. La historia de un niño que se llamaba Martín y se apellidaba Castro se cruzó con la de un gallego, Fermín, que buscaba a su sobrino y que respondía a esas características. Al primer contacto telefónico entre ambos le siguió un reciente encuentro en Galicia. El parecido era tan evidente que se hubiera podido evitar la prueba del ADN, que no hizo más que certificar ahora la historia de un joven que ha recuperado su identidad y que ya ha pasado a engrosar la larga nómina de gallegos que viven en Argentina y que sufrieron las consecuencias de no pensar como el que manda. Según la CIG, las acciones judiciales que dirige el juez Garzón desde Madrid e historias como las de Martín Castro harán que se multipliquen este tipo de casos en cuestión de meses.