EL PERFILGOLPE AL CLAN DE LOS CHARLINESJosefa Charlín Pomares, una «capa» entre capos AS desgracias nunca vienen solas. Hace quince días, la familia Charlín sufría un durísimo golpe. Una nieta del patriarca del clan, Manuel Charlín Gama, perdía la vida a sus nueve años de edad aplastada por una grúa que derribaron los fuertes vientos del temporal.
14 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.El patriarca excusó su asistencia al sepelio en Vilanova porque no quería presentarse en un acto tan íntimo inmovilizado por unas esposas y pegado a dos policías. Dos semanas después, ha caído en Oporto su hija Josefa, el último baluarte del más famoso clan del narcotráfico gallego. Josefa Charlín Pomares, la Soldevilla, es la primogénita de Manuel Charlín. Siempre llevó los pantalones en una casa en la que las mujeres fueron cobrando, con el tiempo, protagonismo en los peculiares negocios familiares. Pero no sería hasta hace seis años cuando recibió los galones. El relevo coincidió con la vuelta a la cárcel del páter familias, lugar del que, para desgracia de la familia, ya no volvería a salir. Estuvo casada con Jorge Outón Caamaño, otro narcotraficante vilagarciano, que fue condenado en su día a veinte años de cárcel en el macroproceso de la operación Necóra. Más tarde, la Soldevilla se unió sentimentalmente a Manuel Santórum Paz, un arousano que se encargaba de acompañarle en las visitas a la prisión donde estaba preso su marido. Josefa no pasó apenas por la escuela. Estudió unos años el bachillerato en un colegio de monjas de Vilagarcía. Pero pronto decidió pasar por la que sería su mejor universidad, el cocedero de mariscos Charpo, en Vilanova, y el mejor de los profesores, su padre, que le introdujo en los secretos de los intrincados negocios familiares. Una mujer de armas tomar Dentro de una botas de caucho que le llegaban hasta la cintura, en Charpo aprendió a desarrollar sus férreas cualidades de mando y a asumir el control absoluto de la factoría. Su despotismo hacia las trabajadoras le acarreó no pocos problemas laborales y años de enfrentamiento con los sindicatos, que protagonizaron un larguísimo y accidentado conflicto laboral. Fueron precisamente sus empleadas quienes la bautizaron con el apodo de la Soldevilla, en alusión a la Dulce Neus, la célebre parricida catalana que mató a su marido en colaboración con sus hijos. Cuentan en Vilanova que la Soldevilla fue una de las primeras mujeres en conducir un camión en la ría de Arousa. Vivió muy de cerca la época de apogeo del contrabando, primero, y más tarde, la reconversión del sector al narcotráfico, en el que se involucró plenamente. Tras la detención de su padre y de sus hermanos Manolito y Melchor, asumió, según las investigaciones policiales, las riendas de esta rama del clan. Entre sus habilidades, destaca la enorme suerte que ha demostrado en los juegos de azar. El 6 de octubre de 1993 le tocaron cinco millones de pesetas por dos participaciones del número 89.618 del cupón de los ciegos. Y es que los charlines, a lo largo de su historia, han hecho gala de una extraordinaria facilidad a la hora de hacerse con cupones o billetes de lotería premiados. La suerte, sin embargo, parece haberse acabado para el clan vilanovés. Con buena parte de su miembros actualmente entre rejas, el listado de las causas judiciales pendientes del clan se adivina como un proceso interminable.