De Adraño a la Historia

FÉLIX SORIA

GALICIA

EL PERFIL: Fernando Silva Sande, responsable del aparato militar del GRAPO EN la parroquia de Adraño, en Carnota, hay un mirador natural situado a cuatro pasos de la casa de los Silva, desde donde el Atlántico parece el espejo de los dioses, los mismos que habitan en el olimpo celta del monte Pindo. Esos dioses, acaso todos, son legendarios. Fernando Silva Sande, también.

09 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Silva se crió en un mundo en el que aún hoy se malvive a 300 metros por encima del nivel del mar. Esta circunstancia marcó profundamente la trayectoria personal del histórico militante del GRAPO, que a sus 45 años de edad malvive a no se sabe cuántos kilómetros por encima _o por debajo, según se mire_ de la realidad. Los portavoces gubernamentales, tanto los de ahora como los del éxito de 1982, aseguran que el gallego Silva es «el responsable del comando itinerante y coordinador de los comandos en España» de los GRAPO. Pero quien siga sin prejuicios las huellas que Silva dejó en Adraño, en Oviedo como trabajador de la industria metalúrgica, en Vigo y en Ferrol llegará a la conclusión de que el violento jefe de los GRAPO es, ante todo, un ejemplo de resentimiento. El mismo resentimiento que en los últimos años del franquismo anidó en el pecho de miles de veinteañeros. La mayoría de ellos superó ese estadio. Silva es una de las excepciones. Como lo son también muchos de los históricos militantes de ETA. El historial de Silva como revolucionario es un relatorio de asesinatos, de medias verdades, de robos, exageraciones interesadas, secuestros, instrumentalizaciones, fugas y otras hazañas, casi todas bélicas y absurdas. Años de plomo Mientras la mayoría de los españoles intentaban echar tierra al pasado, en los años de plomo que mediaron entre la muerte del dictador y la entrada en vigor de la Constitución (1975-79), Fernando Silva participó en los secuestros de los presidentes del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, y del Consejo Supremo de Justicia Militar, Emilio Villaescusa. Así fue como el de Carnota dio el saltó a la fama. Una fama que, poco a poco, quedó confinada en las catacumbas, en el mundo del resentimiento. En los años siguientes, amén de dormir en media docena de cárceles y de protagonizar una sonada fuga en la penitenciaría de Granada (31 de marzo de 1992), Fernando Silva participó en varias expropiaciones bancarias, robos de documentos de identidad, al menos cinco homicidios, el secuestro del financiero zaragozano Publio Cordón _que aún hoy sigue desaparecido_, y varios asaltos a furgones blindados, delito este que se ha convertido en una de las acciones-marca de los GRAPO. Fuga Las fuerzas de seguridad del Estado han tardado más de ocho años y medio en localizar y detener a Silva, aquel peligrosísimo revolucionario-delincuente que se fugó de una prisión granadina de muros decimonónicos, tan débiles y viejos que el carnotano hizo un butrón y salió corriendo. ¿Dónde ha estado todos estos años el violento Silva? En Galicia, seguro. Aquí tenía amigos, algunos de ellos colegas de profesión, en Vigo y en Ferrol. También estuvo en Carnota, aseguran sus paisanos. Aunque su familia _uno de sus hermanos fue concejal del Bloque y luego de la Fronte Popular Galega en el Concello de Carnota_, siempre lo ha negado. Los vínculos de Silva Sande con Galicia son tan estrechos que también los hay de sangre derramada. Él es, entre otras hazañas, coautor de los asesinatos de los guardias civiles Constantino Nogueiras y Pedro Cabezas, a los que Silva en compañía de otros tiroteó por la espalda en Compostela para arrebatarles las armas. Aquel día, 10 de marzo de 1989, en Adraño todavía había quien rezaba para que el hijo del panadero «deixara de facer tolerías». Fernando Silva, que para algunos es un prototipo de terrorista, es, ante todo, el espejo del fracaso de una España que todavía proyecta sus sombras.