Aportaciones económicas permiten a una vecina minusválida de Queixas, en Cerceda, adaptar su vivienda Marisa Calvo, de 39 años, y su hijo Francisco, de 13, malvivían hasta principios de este año en una vivienda de apenas diez metros cuadrados. Estos vecinos de la parroquia cercedense de Queixas habitaban en una antigua casa de piedra que ni siquera contaba con retrete. Por tener, tampoco tenía agua corriente. Marisa, que padece una minusvalía física, inició hace tiempo una campaña para solicitar ayuda y abrió una cuenta corriente en un banco. Con las 600.000 pesetas que recaudó y la ayuda del Concello de Cerceda y de la Xunta reconstruyó la vivienda y la adaptó a su situación.
10 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Marisa había solicitado ayuda por todos los medios que conocía: a los vecinos, al Concello, a la Xunta, a los medios de comunicación. Había escrito, incluso, al programa de televisión Sorpresa, sorpresa. Después de varios años denunciando su situación, esta mujer, de 39 años, consiguió la ayuda que necesitaba para una vivienda digna a través de la multitud de pequeñas aportaciones de gente anónima. En total, recaudó 600.000 pesetas, de las que una gran parte se las dio «un señor de Ferrol, ó que lle estou moi agradecida», comenta Marisa. Destinó 400.000 pesetas a comprar la casa en la que su hijo de trece años y ella «vivían de prestado», la misma que perteneció a su abuela, en la que había nacido Marisa y que la familia perdió por diversos motivos. La minusvalía física de Marisa Calvo la incapacita para llevar una vida normal. Para ella, ya sólo subir a la habitación de su hijo, que sigue estando en el piso superior, es un gran esfuerzo. «Antes das tres operacións, as rodillas batíanme no chan e caía a cada paso». Su situación ha mejorado, pero las muletas siguen siendo sus compañeras inseparables. «Quero que a xente que me axudou saiba que os cartos están ben investidos». Marisa no olvida que personas anónimas la ayudaron a mejorar su vida.