Con Kosovo en el corazón

NACHO MIRÁS SANTIAGO

GALICIA

El regreso de los «muchachos» de la Brilat propicia encuentros emocionantes en Lavacolla A estas alturas, Adelita ya no quiere irse con otro. Después de cuatro meses de espera, tres cuartos de hora de aeropuerto casi dan lo mismo. Adelita suspira por uno de los doscientos militares que ayer llegaron a Lavacolla, procedentes de Kosovo, después de haber finalizado una misión de paz con la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable.

20 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El padre del sargento primero Fariña espera nervioso en la zona militar del aeropuerto de Lavacolla. Mira al cielo como intentando descubrir a su heredero detrás de las nubes vestido con el traje mimeta, pero nada, no llega. Fariña padre viene desde Viones, en el municipio de Abegondo. En los últimos cuatro meses, el militar ha llamado por teléfono a casa con frecuencia, pero eso no evita que la familia tenga que estar pendiente de los telediarios, por si acaso. «Eu sinto orgullo como pai, non fun militar, pero gustoume sempre», añade el padre. Retraso con música y humor El Boeing de la Fuerza Aérea Española que tiene que traer a casa al primer turno a eso de las cinco menos cuarto se retrasa. El capitán Calviño bromea diciendo que los retrasos en el aire no son sólo cosa de Iberia. Para hacer tiempo, la banda de música de la Brilat toca a pecho partido lo mejor de su repertorio, incluidos el clásico Soldadito español, soldadito valiente y algo que se parece al Puenteareas del maestro Soutullo en versión fantasía. Los familiares no parecen demasiado preocupados por la espera. Charlan en grupos y arrugan los ojos buscando algo en las alturas. El cuñado de Alfonso Martín, otro de los militares que vuelve, cuenta que las ausencias se llevan bastante bien en casa, en Lugo, «e máis agora que na outra campaña, cando estivo en Bosnia». Y dice que, lo que es bien, no lo pasan en Kosovo, «porque é moito tempo, a actividade non é grande e as horas tardan en pasar». A Martín le tocó hacerse cargo de esta vez de unos generadores eléctricos y hubo días en los que él y los «muchachos» soportaron temperaturas de 45 grados, según narra su cuñado. La banda sigue tocando, incluso suena algo parecido a un tango con corneta. Los familiares aguantan hasta que, por fin, el Boeing toma tierra, hace una especie de trompo y abre las puertas arropado por un montón de aplausos.