Cincuenta años de oficio acreditan a los heladeros ambulantes de Santiago, una tradición que no tiene competencia Llega, por fin, el calor en este mes de agosto y, como cada verano, los santiagueses intentan vencer los sudores estivales con la receta más refrescante: los helados. Apreciados por jóvenes, niños y adultos, sean de cucurucho o de tarrina, de hielo o cremosos, este producto es la solución a la sed de turistas y vecinos compostelanos. La estampa más tradicional en el agosto santiagués se corresponde con las aglomeraciones para entrar en la catedral. Pero también se hace cola estos días para refrescarse con un enorme cucurucho. Un auténtico agosto para los carritos ambulantes que invaden todas las esquinas de Santiago.
16 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Turrón, tutti-frutti, limón, yogur... componen el jugoso escaparate de los pintorescos carritos de helado que adornan el casco viejo santiagués durante esta época del año. El calor y el hecho de que las calles de la zona monumental estén poco o nada resguardadas del sol animan a los turistas que visitan Compostela a aliviar la sed con uno de los remedios más sabrosos. El buen tiempo, que tímidamente empieza a quedarse por Galicia, es el mejor aliado para los profesionales de un negocio que vive de mes y medio al año. Gustos variados Con los primeros calores que se dejan notar por la ciudad, aproximadamente una docena de heladerías itinerantes ofrecen su variedad de sabores a todos los transeúntes. Sin embargo, los de siempre siguen siendo los favoritos, como apunta Ángel Jerez, heladero desde hace casi cincuenta años. El helado de toda la vida también ha de competir con extravagantes sabores que, muchas veces, no son sino una mezcla de frutas e ingredientes varios que poco tienen que ver entre sí. Son los nuevos gustos que se puede uno encontrar ahora en las carteleras de algunas heladerías. Pero no en las de los carritos ambulantes. Ángel Jerez asegura que no trabaja con esta clase de helados exóticos ni tampoco lo hacen sus compañeros. Quizá pierdan algo en lo que se refiere a variedad, pero lo que aseguran todos es la máxima calidad de los ingredientes. Tradición arraigada Los carros se apoderan del casco viejo, pero no es algo tan extraño. Hay que tener en cuenta que Santiago es, probablemente, la única ciudad gallega que no tiene heladerías con dedicación exclusiva. Este fenómeno tan llamativo no ha pasado desapercibido a los propietarios de estos puestos ambulantes, que aprovechan muy bien su particular monopolio heladero. A juzgar por los cincuenta años de historia que tiene a sus espaldas, parece ser que el negocio va para largo.