El Ayuntamiento de Laxe refuerza la plantilla local con dos agentes auxiliares durante los meses de julio y agosto Muchos turistas. Ése es el problema al que se tienen que enfrentar cada verano el jefe de la Policía Local de Laxe y su ayudante. Al llegar el mes de julio, las calles y la playa de este pequeño municipio costero incrementan de forma notable su número de visitantes y los dos agentes se ven desbordados. Pero, un año más, cuentan con la ayuda de dos auxiliares de policía para hacer frente a la avalancha de turistas. Julio Romero y Carlos Suárez trabajan durante julio y agosto, como si de «policías de temporada» se tratase, con el objetivo de llevarse bien con los vecinos y la esperanza de que al acabar el verano no vuelvan al paro una vez más.
12 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Julio y Carlos, cada día durante los meses de julio y agosto, en vez de bajar a la playa o realizar cualquier actividad propia de las vacaciones y de gente de su edad _22 y 26 años, respectivamente_ se ponen sus uniformes azules y sus gorras y salen a recorrer las calles. Regular el tráfico, poner alguna multa y ayudar a los vecinos y turistas son sus tareas habituales. La premisa común: realizar su trabajo con profesionalidad y educación, intentando, eso sí, no enemistarse con ningún vecino. A fin de cuentas, como dice el propio Carlos, «soamente vivo disto dous meses e o resto do ano dependo dos traballos que me poden proporcionar algúns veciños». Julio, a pesar de ser más joven, afronta su tercer año como auxiliar, uno más que Carlos, y coincide con él al afirmar que «conoces a todo el mundo y no te vas a complicar la vida». Ambos reconocen que les gustaría dedicarse a esta labor todo el año, pero es difícil que el concello asuma la carga económica que supondría contratar indefinidamente a dos nuevos policías, duplicando así su plantilla actual. Los dos recorren con calma el paseo y las calles del pueblo y se paran de vez en cuando a saludar a algún vecino o atender las preguntas de los turistas, vascos y madrileños en su mayoría. Además, el verano que pasó Carlos en Inglaterra le permite entenderse con los turistas anglosajones que ocasionalmente visitan Laxe. El ambiente en la calle es cordial a pesar del tráfico de coches, e incluso cuando Carlos entra en un bar para preguntar por el dueño de un automóvil mal aparcado, la dueña le contesta en tono amable: «Nin idea, Carliños». Un verano más, Julio y Carlos patrullan las calles de Laxe, sin pistola, pero armados de paciencia y ganas de cumplir con su cometido.