Un auto del Juzgado Central número 1 de la Audiencia Nacional puso en libertad al supuesto «capo» bajo fianza de 25 millones La policía tardó más de dos años en detenerle hasta dar con su escondite en Vila de Cruces (Pontevedra). El juez Guillermo Ruiz Polanco ha tardado escasos meses en ponerle en libertad. Alfredo Cordero González, según la policía uno de los narcotraficantes gallegos más activos de la última década, ya puede abandonar la cárcel después de que un auto del Juzgado Central número 1 de la Audiencia Nacional le haya puesto en libertad bajo fianza de veinticinco millones. La salida a la calle de Cordero fue acogida ayer con incredulidad y estupor en medios policiales y judiciales comprometidos en la lucha contra el narcotráfico.
14 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Coincidencias de la vida. Justo diez años después de la operación Nécora, el juez firmó el pasado 12 de junio un auto por el que Alfredo Cordero puede cambiar su actual situación de prisión provisional incondicional por el de prisión eludible por medio del pago de una fianza de 25 millones de pesetas. Detenido, procesado y absuelto en la primera gran redada contra el narcotráfico gallego, Alfredo Cordero cayó de nuevo en manos de la justicia el pasado 25 de febrero como presunto responsable del alijo de casi 5.000 kilos de cocaína que apareció en diciembre de 1997 en una cala de Tapia de Casariego, en Asturias.
El titular del Juzgado Central número 1, Guillermo Ruiz Polanco, estima que «el grado participativo del señor Cordero en los hechos enjuiciados no es cualitativa ni cuantitativamente más relevante que el de los demás procesados, cuya situación personal es la de libertad previa prestación de fianzas», según el auto al que han tenido acceso las defensas de los otros encausados. En efecto, la docena de detenidos en la redada se halla libre tras el pago de sumas que van de las 500.000 pesetas a los cinco millones.
El auto introduce un argumento cabalístico para justificar la puesta en libertad de Cordero. Después de recordar el hecho cierto de que el arousano se pasó cuatro años y medio en la cárcel en régimen de prisión preventiva como procesado en la operación Nécora, en cuyo juicio salió absuelto, y de que está en libertad con fianza en otras diligencias que sigue el Juzgado Central número 5 _la operación Nirvana_, el juez subraya que el encausado «nunca fue notificado personalmente» del auto de procesamiento y prisión por el alijo de Tapia. Difícilmente pudo conocer documentalmente su situación el encausado cuando se hallaba fugado de la justicia.
Mediante la resolución judicial, Cordero queda obligado a comunicar un domicilio fijo, sin que pueda abandonar en ningún momento el territorio nacional sin previa autorización judicial, debiendo entregar su pasaporte en el juzgado.
El escurridizo «Engarellas»
Alfredo Cordero González ha demostrado una rara habilidad: zafarse de la policía y difuminarse en las páginas de los periódicos. Mientras los nombres de Oubiña, Sito Miñanco o los charlines ya son conocidos hasta en los patios de los colegios, el de Cordero sigue siendo un enigma a pesar de que la policía lo considera, desde hace años, un auténtico capo internacional. Cuando fue detenido en febrero de este año llevaba viviendo en Vila de Cruces hacía meses una existencia normal a pesar de estar reclamado en relación con dos operaciones de cocaína.
El día en que Alfredo Cordero, Engarellas, fue detenido hace ahora diez años en el marco de la operación Nécora, su nombre apenas sonaba. Su paso por el macrojuicio de la Casa de Campo, donde el fiscal Javier Zaragoza tuvo literalmente que arrancarle las palabras en su declaración, pasó sin pena ni gloria mientras otros compañeros de banquillo, como Laureano Oubiña o Manuel Charlín, acaparaban la atención de los objetivos fotográficos y cámaras de televisión. Tan inadvertido pasó que hasta el tribunal le absolbió.
Cuando abandonó la cárcel tras cuatro años de prisión provisional, la policía sabía muy bien que volvería a las andadas. Pronunciar su nombre, decían, era el mejor salvoconducto para contactar con las mafias colombianas que controlan el negocio de la cocaína. No se equivocaban. En 1997, Cordero regresó al primer plano tras relacionársele con el alijo de 5.000 kilos de cocaína que apareció en Tapia. En febrero de este año, su nombre apareció también en el marco de la operación Nirvana, en la que no pudo intervenirse droga.