Primeros signos de alerta en las mayores empresas de Galicia: la recuperación se agota

El 2017 marcó el punto álgido de un crecimiento que no repartió riqueza entre los asalariados, y que se enfría por la caída de las exportaciones


vigo / la voz

No hay motivos para el pesimismo, pero sí para ponerse en guardia. Galicia crece, y seguirá haciéndolo al menos hasta final de año, pero a menor ritmo (3,1 % en el 2017; 2,7 % en el 2018 y 2,3 % este ejercicio, según las previsiones). Lo advierte el Informe Ardán, del Consorcio de la Zona Franca y la Universidade de Vigo, que utiliza como termómetro los estados financieros de las 35.522 mayores empresas de la comunidad. Son datos del 2017 pero que, vistos desde la perspectiva actual, permiten detectar señales inequívocas que marcan el punto de inflexión en la línea ascendente que ha seguido la recuperación económica en Galicia desde que inició la remontada en el año 2015.

Según este big data del tejido empresarial, las principales empresas gallegas facturaron en el año de referencia del estudio 89.500 millones, aportando al PIB, a través del valor añadido bruto, 21.000 millones. Este resultado, comparado con el del ejercicio anterior, significa un incremento del valor económico creado por las empresas del 6 %.

Pero las cosas han cambiado y así lo constatan los economistas Albino Prada y Santiago Lago, autores de sendos análisis incluidos en el informe y que aprecian una ralentización «moderada» de la economía gallega, que vinculan a la caída de las exportaciones, en especial durante los cinco primeros meses del 2019. «Hemos pasado de crecer más de un 7 % en el 2018 [en las ventas al exterior] a caer un 9 % hasta mayo, mientras que en España se pasó de un 3 a un 2 %», explicó Prada, quien apuntó un dato preocupante: el desplome de las exportaciones está liderado por los dos sectores que actúan como pilares de la economía gallega. La automoción, que pierde un 20 %, y la confección, que cae un 10 %, cifras que el economista vinculó con una «reestructuración de las cadenas globales de valor de las empresas de esos sectores».

Sin dramatismos

Más partidario de quitar dramatismo a estos datos, Santiago Lago se mostró convencido de que el 2019 «seguirá siendo un buen año económico, pese a que haya esas incertidumbres, riesgos, que nos están frenando sin ninguna duda».

Pero con la evolución de las estadísticas en la mano, Lago dio por seguro que «ni Galicia ni España están a las puertas de ninguna recesión», porque no hay los desequilibrios del 2008, tanto por la balanza comercial como por una burbuja crediticia e inmobiliaria que ahora no existe. «Es impensable que se repita una recesión por muy mal que se ponga el entorno exterior», aseguró.

Lo que sí hay es desaceleración, porque la recuperación ha tocado techo. Y el problema es que durante los cinco años de crecimiento sostenido Galicia no ha sabido rentabilizar la creación de riqueza en uno de sus puntos más débiles: el empleo. Así lo creen los analistas del Ardán, que constatan incrementos en el volumen de puestos de trabajo, pero un declive en la remuneración de los empleados. Si en el informe del año pasado, las 35.522 sociedades sumaban 356.192 trabajadores en plantilla, el de este año arroja la cifra de 371.190 empleos, es decir, un aumento de 14.998 personas ocupadas (un 4,8 % más), con una media de 18 empleados por firma, y una mayor presencia femenina (46 %, en promedio) cuanto mayor es el tamaño de la compañía.

Pero ese mayor volumen de empleo no ha generado más riqueza, a pesar de que el informe constata que, por primera vez, la renta per cápita en Galicia supera el 90 % de la española. Albino Prada matizó este dato contextualizándolo en la pérdida de población que sufre la comunidad. «La situación de regresión demográfica favorece nuestra convergencia regional en PIB por habitante, pero ese no es tampoco un buen síntoma para poder calificar nuestra economía como inclusiva», aclaró.

El economista considera necesario que Galicia apueste por la creación de empleo de calidad: «Es clave para que nuestro actual crecimiento económico se traduzca en desarrollo social».

La economía española frenó en primavera

ANA BALSEIRO

El PIB registró su menor crecimiento en cinco años, de solo el 0,5 % entre abril y junio, dos décimas menos que en el primer trimestre, por la caída de la inversión y el menor consumo

El crecimiento de la economía española está frenando. Así lo confirmaron este miércoles los datos de contabilidad nacional avanzados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que muestran que en el segundo trimestre del año el PIB del país solo creció un 0,5 %, es decir, dos décimas menos que entre enero y marzo, y un 2,3 % en términos interanuales (una décima menos). España se aleja así, cada vez más, de las tasas superiores al 3 % registradas en los años de mayor brío, mientras que para encontrar un avance del 0,5 % hay que retroceder al tercer trimestre del 2018, que a su vez supuso el alza más contenida desde el 2014, en el arranque de la recuperación, cinco años atrás.

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