Es una pena que un espectáculo de las dimensiones del de ayer se haya visto empañado, (o más bien completamente desdibujado) por las decisiones puntuales del colegiado y sus asistentes. El Celta B fue el primero en sufrir una expulsión determinante. Goran Maric, la piedra angular del filial céltico abandonó forzosamente el derbi. Poco después, como sentencia salomónica, Xavi Moré tendría que hacer lo mismo. En el arbitraje pocas veces un clavo saca a otro clavo. Y ayer tampoco. La compensación y el resorte que tuvo González Arévalo en el brazo a la hora de enseñar tarjetas le han convertido ya en uno de los trencillas más conocidos de Galicia. El nombres que menos tendría que oírse será estos días motivo de tertulias y discusiones. Lo mejor es que el Pontevedra, a pesar del ambiente, del rival, del campo y sobre todo del árbitro ha sabido ganar su derbi y ya tiene tres puntos más.