Un choque entre hermanos

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa SANTIAGO

FUTBOL GALLEGO

XOÁN A. SOLER

Alberto e Iván Mariño, jugadores del Negreira, necesitaron más de 40 puntos de sutura tras un encontronazo fortuito

04 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?os hermanos Alberto e Iván Peque Mariño se formaron en la cantera del Compostela pero, hasta esta temporada en el Negreira, nunca habían coincidido en un mismo equipo. Cuatro años de edad los separaban en las categorías inferiores. El domingo fueron los protagonistas involuntarios del partido que enfrentaba a los dos equipos revelación de Tercera, el Negreira y el Laracha, ambos aspirantes a jugar la promoción de ascenso. Acabaron suturados. En el ecuador de la primera parte, una jugada sin misterio ni aparente peligro se saldó con un inesperado choque de trenes, cabeza contra cabeza, la de Alberto y la de Peque. Los dos fueron atendidos sobre el césped, tuvieron que ser sustituidos y terminaron el día en el Policlínico, en Santiago, con muchos más puntos que los que necesita el equipo para finalizar la Liga entre los cuatro primeros. Salto Alberto recuerda el episodio con nitidez, pese a que quedó ligeramente aturdido tras el impacto: «Había un jugador del Laracha en medio, pero se apartó. Era un balón dividido. Primero lo peiné y al volver a saltar llegó el encontronazo. Reventé toda la ceja, me caía hacia abajo». No sabe exactamente cuantos puntos le dieron porque cuando se lo preguntó al médico ya era tarde. El galeno no llevó la cuenta. No obstante, le dijo que calculara alrededor de 35. La descripción de Peque es muy similar aunque con una diferencia sustancial: «Hasta que lo vi en el vestuario no me enteré de que el choque había sido con mi hermano». El pequeño de los hermanos Mariño desconoce cuántos puntos se llevó: «En el parte médico sólo pone que fue una brecha de cinco centímetros», en la frente. La madre de los jugadores sufrió más que ellos, desde la grada. Hacía tres meses que no se acercaba a presenciar un partido de sus vástagos y el domingo tomó la decisión de acudir muy a última hora. La violencia del impacto, la sangre y ver a los dos tumbados sobre el césped llevó la lógica inquietud, si bien las noticias pronto fueron tranquilizadoras. Alberto se quedó con la peor parte. De hecho, apenas pudo dormir una hora la primera noche porque ni la medicación atenuaba el dolor. Deberá estar un par de semanas de baja y cuidar al máximo la reaparición, porque las consecuencias de un nuevo golpe en la misma zona podrían ser mayores. Cuando menos, tendrá ocasión de tomarse un respiro en su ajetreado ritmo de vida. Trabaja en el taller de electricidad Hermanos Caneda y compaginar el fútbol con su vida laboral no es tarea sencilla: «Salgo a las ocho de la mañana con mi mochila. Muchos días ni siquiera puedo ir a comer a casa. Y hasta las once de la noche no estoy de vuelta». Peque tiene una agenda menos cargada. Compatibiliza el fútbol con los estudios de protésico dental y confía en regresar a los entrenamientos dentro de una semana, aproximadamente. Mientras se recuperan no dudan en apostar por el Negreira para la promoción de ascenso. Alberto todavía lamenta la derrota del domingo: «Fue una pena que se nos escapase el partido. Con la falta que nos hacían los puntos....». Con la mitad de los que se llevó él, el Feiraco Negreira tendría suficiente para acabar la Liga entre los cuatro primeros. Peque lamenta igualmente el 0-1 frente al Laracha: «Fue un varapalo porque podíamos haberlos eliminado y ahora siguen ahí, con opciones». Advierte de que los dos próximos partidos del Negreira, en Vilalonga y Verín, pueden ser determinantes. Otro lesionado El incidente de los hermanos Mariño no fue el único del partido. El visitante Iván tuvo que ser atendido en la banda, en el minuto seis de la segunda mitad, tras sufrir una entrada de un futbolista rival. Nada más reincorporarse al terreno de juego chocó con el árbitro, que estaba siguiendo el balón y no pudo ver al once del Laracha. Iván se vio obligado a dejar su puesto a Iago.