En fútbol todos los planteamientos son válidos, gusten más o gusten menos. Y hasta los más toscos y miserables pueden conducir a un resultado satisfactorio. Lo acreditó el Navalcarnero. El conjunto madrileño demostró que le sobra oficio. Utilizó todo tipo de artimañas para provocar interrupciones valiéndose del beneplácito de un árbitro incapaz de medir el tiempo. Pocos partidos habrán registrado tantas intervenciones de un masajista, el visitante. Accedió al campo más de una docena de veces, nunca corriendo. Los jugadores del Navalcarnero siempre se recuperaron con celeridad una vez fuera del rectángulo. Y no hubo una sola tarjeta para castigar semejante desahogo. El árbitro logró lo que pocos en Santiago: irritar a la afición. Tuvo más historia el partido que no se vio que el que pudo verse, porque el balón apenas estuvo en juego. El Navalcarnero logró demasiado premio con un gol que anotó en el minuto quince, en una buena acción de Maestre dentro del área que finalizó con un pase atrás y un remate en semifallo de Melo. Si con el empate se dedicó más a molestar que a construir, con el 0-1 el colectivo madrileño todavía acentuó más su racanería. El Compos B intentó poner el fútbol pero en la primera parte no lo consiguió. Cayó en la trampa del juego físico y de impulsos que supo escenificar el rival. Aún así, el portero Raúl tuvo tres buenas intervenciones que impidieron el empate. Tras el descanso, el Compos salió embalado. Trenzó mejor, supo romper el fuera de juego y empató Jesús a la salida de un corner. Tras un primer cuarto de hora vibrante volvió a caer en la trampa y ni siquiera pudo aprovechar la expulsión de Óscar. Otros resultados Lemos-Las Rozas 2-1 Betanzos-San Seb. Reyes 1-1 Móstoles-Alondras 0-1 Avilés-Palencia 1-0