Mutilar la conciencia para no sufrir parece el atajo perfecto para convivir con la rutina moderna. Sin embargo, la serie demuestra que el dolor siempre encuentra la forma de cruzarse en el camino. Ben Stiller firma una de las ficciones más lúcidas sobre la alienación.
23 jul 2026 . Actualizado a las 16:21 h.Todos alguna vez hemos pensado que la mejor manera de lidiar con una situación difícil en nuestra vida sería apagando el cerebro la mitad del tiempo. Mark Scout, el protagonista de la serie, se somete a la cercenación, un procedimiento quirúrgico irreversible que divide la consciencia en dos mitades independientes: la que solo existe para trabajar y la otra que sostiene la vida cotidiana. La particularidad es que ninguna guarda los recuerdos de la otra. Detrás del experimento está Lumon Industries, una especie de secta corporativa con líderes invisibles e intereses turbios.
Es la distopía que se imaginaba Mark Fisher cuando decía que era más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Cercenarnos sería útil: dejaríamos de defender derechos laborales, no habría planes con amigos interrumpidos ni culpas al salir de fiesta sabiendo que al día siguiente hay que trabajar. Sin nada que gestionar —ni aumentos, ni rencillas, ni ambiciones, ni vacaciones—, el departamento de recursos humanos simplemente dejaría de existir. El propio Dan Erickson, uno de los escritores de la serie, contaba que al llegar a su antiguo trabajo siempre decía: «Dios, desearía poder adelantar el tiempo y saltarme mágicamente las próximas ocho horas para estar ya de camino a casa».
Pero la anestesia no se detiene en el cubículo de trabajo. ¿Se imaginan poder apagar el amor? ¿Liquidar la ira y la irracionalidad? ¿Desobedecer el mandato de la tristeza? Cuesta entender cómo seríamos capaces de desprendernos de esas emociones tan incómodas como vitales. Borges decía que vivía dos vidas: la suya y la del otro Borges, aquel a quien le ocurrían las cosas para que él pudiera tramar su literatura. Severance, la serie de Apple TV+ dirigida por Ben Stiller, es la realización de esa dualidad. En el fondo, quienes se someten a la cercenación lo hacen para huir del sufrimiento. El problema es que el dolor viaja contigo, también lo sientes en la otra consciencia. La cruel diferencia es que en la otra, no sabes qué es. Que estemos fragmentados significa que algo se ha roto, pero no hay nada tan profundamente humano como juntar los pedazos y reconstruirnos con lo que han hecho de nosotros.
En el clímax de la historia reluce una tímida pero atronadora esperanza cuando se pronuncia la tregua o la rendición: «Nos dan media vida y creen que no vamos a luchar por ella».