«Dame veneno que quiero vivir»: las sombras del autocuidado, la penitencia más «cool»

FUGAS

El ensayo de Leticia Sala, que acaba de publicar Anagrama, analiza cómo la industria del «skincare» ha normalizado el uso de veneno en nuestras caras para lucir espléndidas

29 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los cuadernitos de Anagrama encapsulan las arrugas que pesan sobre la sociedad actual. Las fronteras de clase, la turismofobia, la catastrófica tecnología y ahora también el engaño del autocuidado. Leticia Sala, letrista de canciones y colaboradora de Vogue, se sumerge en este breve ensayo en la esclavitud del culto a la belleza desde su rol de hija, madre, amiga y pareja. En un convulso viaje por reflexiones de referentes femeninos de la literatura contemporánea como Nora Ephron, Susan Sontag, Elena Ferrante o Naomi Wolf, Leticia Sala plantea cuestiones morales que se alejan mucho de la idea romantizada que se vende del autocuidado. ¿Qué línea separa el placer de la exigencia? ¿Por qué debo querer ser joven eternamente? ¿Quién dice cómo debo cuidarme? Y, sobre todo, ¿por qué nadie habla de la violencia estética?

A través de una prosa directa y coloquial, y acompañada de una impecable bibliografía, la escritora analiza cómo la industria del skincare ha normalizado el uso de veneno en nuestras caras para lucir espléndidas —no estamos tan lejos de aquellas chicas victorianas que se aplicaban plomo en forma de cerusa veneciana—, la propaganda basada en eslóganes edadistas que nadie plantea prohibir —¿cremas antienvejecimiento?— y la necesidad de que niñas con dientes de leche comiencen a ponerse ungüentos para prevenir ni se sabe muy bien qué.

Precisamente, uno de los capítulos más interesantes del cuaderno es el que habla, con desesperación y enfado, del concepto Sephora kids. La falta de regulación en toda Europa ante un gigante silencioso que campa a sus anchas en redes sociales y que aboca a las menores a un camino de comparación e infelicidad. Por no hablar de los daños cutáneos que puede provocarles comenzar a usar mascarillas y sérums a edades tan tempranas.

Invita Sala a revisarnos. Como siempre. Sin culpa pero sin condescendencia, y recordando las palabras de la socióloga Dana Berkowitz: «El rostro envejecido se estigmatiza por dejado, el completamente liso por su vanidad».