Javier Moreno Luzón, historiador: «Solo se recuerda por sus amantes, la opinión pública
actual conoce mal a Alfonso XIII»

mila méndez

FUGAS

Javier Moreno Luzón, autor de «El rey patriota»
Javier Moreno Luzón, autor de «El rey patriota» Marta de la Torre

Es el bisabuelo del actual rey y en casi 30 años de reinado pasó de salvador a exiliado. El libro «El rey patriota» arroja más luz sobre él

13 mar 2023 . Actualizado a las 10:33 h.

Amoríos, escándalos de corrupción y hasta una presunta vinculación con la industria del cine x. De salvador de España a exiliado. El abuelo del rey emérito, Alfonso XIII (Madrid, 1886-Roma, 1941), es una de las figuras esenciales para entender nuestro presente. De él se han escrito un centenar de biografías, pero faltaba un retrato más amplio sobre su compleja trayectoria. El catedrático en Historia de la Universidad Complutense Javier Moreno Luzón  presenta con El rey patriota (Galaxia Gutenberg), una interpretación nueva, exhaustiva y también divertida sobre el controvertido monarca cuyo reinado cambió el país.

—¿Por qué un libro hoy sobre Alfonso XIII?

—La opinión pública actual conoce mal a este rey. Solo se recuerda a propósito de su parecido con su nieto Juan Carlos I, por sus amantes, sus escándalos de corrupción y su supuesto patrocinio del cine pornográfico.

­—¿Es el rey con peor fama de España?

—La fama es difícil de calibrar. Si atendemos a su imagen en los medios y en la literatura académica, Fernando VII es, sin duda, el monarca sobre el que se han vertido más juicios negativos. Alfonso XIII tiene muchos defensores. Esos juicios están desfasados y es hora de dar a conocer un retrato más matizado, con claroscuros. Cambió mucho a lo largo de casi 30 años de reinado.

­—¿Por qué «el rey patriota»?

—Se tomó muy en serio la misión de salvar a España después del desastre colonial de 1898. Su visión del patriotismo no se limitaba a enfatizar su amor por el país, sino que justificaba sus injerencias en la vida pública y sus decisiones más polémicas, con argumentos nacionalistas y populistas hasta abrazar una dictadura, en nombre de su pretendido olfato para saber cuáles eran los verdaderos deseos de su pueblo.

­—¿Qué lo cambió?

—La Gran Guerra cambió todo. A partir de 1917, con el impacto de la revolución rusa, su actitud viró hacia un españolismo más cerrado, vinculado a las derechas, a la Iglesia y a los sectores duros del ejército. El propio rey se planteó convertirse en dictador.

—¿Cuál fue nuestro último rey querido?

—Alfonso XIII fue, sin duda, un rey popular. La prensa ilustrada y el cine lo convirtieron en una figura conocida. Incluso los atentados terroristas, de los que salió ileso, reforzaron su presentación como un hombre valiente, un soldado. Pero popularidad no siempre quiere decir legitimidad. Su apuesta por opciones autoritarias le valió el rechazo de buena parte de la ciudadanía. Si hablamos de monarcas populares, también Juan Carlos I, hasta comienzos del siglo XXI, lo fue.

—¿Sintió que España lo traicionó el 14 de abril, con los resultados de las elecciones?

—Hubo en sus reacciones una cierta resignación, una actitud abandonista que llevaba la contraria a los pocos que le aconsejaron aguantar. Se hizo realidad una de sus peores pesadillas: el escenario de la revolución rusa de febrero de 1917, cuando, a su juicio, la traición de los militares y de la corte habían propiciado la caída del zar. Desanimado, tenía sus dudas, pero accedió a marcharse al exilio. No le quedaba otra salida. Luego, reflexionó muchas veces sobre lo ocurrido. Enfatizó su propio patriotismo: justificó su decisión como la manera de sortear un conflicto civil entre españoles. Mientras, en España su imagen sufrió un daño definitivo. Fue tachado de felón, perjuro, absolutista y corrupto.

—¿Franco le dio esperanzas?

—Cuando estalló la Guerra Civil, don Alfonso pensó que se le abría una oportunidad. Entre los sublevados destacaban algunos generales alfonsinos, como el propio Franco. Pero este, convertido en caudillo omnipotente, le dio largas y nunca pensó en serio en traer al Borbón a Madrid. En vísperas de su muerte, abdicó en su tercer hijo varón, don Juan.

—Él no regresó, pero sí los borbones...

—Su trayectoria dejó dos lecciones aprovechables. Para sobrevivir, la monarquía debe asociarse a un régimen parlamentario y convertirse en un símbolo nacional por encima de las luchas políticas; y, al mismo tiempo, salir en defensa de la democracia frente a las amenazas golpistas.