No hay luna en París

Mercedes Corbillón FUGAS

FUGAS

Marianne Faithfull
Marianne Faithfull SD

07 oct 2022 . Actualizado a las 11:48 h.

Puede que en algún lugar esté empezando la Tercera Guerra Mundial y siempre será otro el que tenga la culpa y siempre serán los mismos los que van a morir, carne de campos de cruces en cementerios gigantes que visitarán los habitantes del futuro, los mismos que leerán en los libros los nombres de los que ahora quieren posicionarse para llegar a la posteridad bien situados, quién será Churchill y quién será Chamberlain, piensan cada noche bajos sus edredones de plumas los próceres de Occidente y los comentaristas de televisión y los analistas que vienen a decir todos lo mismo, que el mal tiene una cara y el bien tiene la nuestra y seguramente tienen razón, pero a mí las unanimidades me ponen nerviosa y prefiero mirar al horizonte y escuchar a Marianne Faithfull, que tiene esa voz vieja y cansada y ronca que me llena de fe en las incertezas porque no hay Luna en París ni en los fondos marinos donde pasan los gasoductos ni tampoco aquí, porque todo cambia, excepto el amor, eso dice la canción y yo pienso en enviársela alguien a quien le gustará ese timbre rauco y otoñal, agotado de tanta vida y de tanta soledad y también le gustará que meta esa palabra que quizás no use nadie y tampoco yo, pero me viene muy bien hoy, que tengo la voz áspera y grave como el corazón, pero estoy bien, pensando en la literatura, que a veces es intentar abrir una puerta que no existe o que está allí pero no va a ninguna parte, como la del Hotel Cervantes de Montevideo, donde Cortázar y Bioy imaginaron una historia, pero no me hagas caso, lo que pasa es que estoy leyendo a Vila-Matas, que siempre es como leer la historia de la literatura y del absurdo, que quizás son lo mismo y hay mucho absurdo en la fuerza menguante del pensamiento en cuanto empieza el instinto, no hay razonamiento posible cuando tienes hambre o deseo de un cuerpo y no sé lo que digo, pero no importa, hoy estoy en contra de los textos que siguen un hilo, hay días en que una no está para argumentos y simplemente escribe para un lector tan fantasmal como el bebé que lloraba en la habitación 206 del cuento de Cortázar.