Una «Diccionaria» contra el lenguaje machista

FUGAS

MABEL RODRÍGUEZ

Un libro analiza 138 palabras como «zorra», «cojonudo», «coñazo», «bollera», «barragana», «feminazi», «lagarta», «estrecha» o «golfa», que discriminan a las mujeres

08 mar 2022 . Actualizado a las 09:18 h.

¿Por qué un coñazo es una cosa aburrida y algo cojonudo es buenísimo? ¿Por qué zorra, cerda, lagarta y un sinfín de términos similares significan 'puta' y en masculino solo aluden al animal en cuestión? En la entrada zorra de Diccionaria, se lee que su doble significado expresa «el binomio más recurrente del patriarcado: sexualización y animalización». Porque zorra, además de 'hembra del zorro', es 'puta'. Mientras que zorro significa, en sentido figurado, 'astuto'. Otra palabra, barragana, en femenino es 'concubina'; en masculino, 'esforzado, fuerte o valiente'. Diccionaria «combina ironía con mucho, mucho compromiso feminista, y tiene, desde su inicio, una historia muy inspiradora: Danae, una niña de 9 años, que está aprendiendo en la escuela cómo usar el diccionario, descubre que todas las definiciones tienen la misma estructura y que, en él, solo se reserva un espacio muy pequeño para dar completo significado al papel de la mujer». Así lo cuentan a Fugas sus autores, Xavier Gimeno, director creativo, autor de libros y de guiones; Fernando Alcázar, creativo publicitario y diseñador gráfico; y Ana Martín, periodista y escritora. Esta obra parte de una pregunta de Danae que será el germen de Diccionaria: ¿Por qué tantas palabras en femenino tienen significados despectivos frente a sus equivalentes en masculino? ¿Por qué no hay un diccionario en el que las mujeres tengan el papel que les corresponde? «Así nace Diccionaria, un proyecto que contiene la esencia misma de la lucha por la igualdad, que combinando palabra afilada y diseño impactante pretende remover conciencias, arrojar luz sobre lo que, pareciendo obvio, no lo es tanto y poner, a través de la ironía y el sarcasmo, al patriarcado frente a sus maldades y sus abusos», destacan. Martín, «siguiendo el espíritu original del proyecto, ha escogido y definido muchas entradas que, por comunes, tenemos asimiladas hasta el punto de que no nos damos cuenta de que tienen un sentido peyorativo cuando las usamos con el género femenino». También «se han incluido otras que son necesarias para poner el acento en aquello que más nos preocupa: que las palabras son poderosas, que son capaces de crear una realidad y que ya es hora de que empecemos a cambiar esa realidad que los diccionarios al uso no reflejan. Para eso está Diccionaria». En total, 138 entradas. Cada autor ha elegido para Fugas las dos palabras que más les llaman la atención, en este orden: Gimeno, Alcázar y Martín.

MANSPREADING

«La he escogido porque sí, el despatarre masculino existe y, por desgracia, no es una leyenda urbana. Tampoco es simple falta de educación, como argumentan quienes no admiten la existencia del machismo. Es, sencillamente, una apropiación del espacio público que no debemos tolerar ni minimizar».

KILOS

«La prueba de que la gordofobia es más cruel y agresiva con la mujer es el hecho de que los kilos tengan nombres horrorosos cuando los tiene una mujer (lorzas, michelines, celulitis…) y graciosísimos cuando los porta un hombre: la famosísima curva de la felicidad. Había que incluirla, sí o sí».

HISTÉRICA

«Viene del griego hysterikós ('relativo al útero') y es altamente preocupante cómo hasta en el único altar del cuerpo humano capaz de albergar la vida el machismo ha metido sus garras y ha convertido el significado de esta palabra en una enfermedad mental de mujeres frígidas. Afortunadamente, en el siglo XX dejó de ser considerada como tal, pero el estigma sigue».

AQUELARRE

«Literalmente significa 'prado del macho cabrío'. Sin embargo, la inquisición desvirtuó esa palabra hasta transformarla en el lugar donde las brujas invocaban y copulaban con el diablo. Pero tiene mandanga el tema cuando en pleno siglo XXI se sigue utilizando para desprestigiar a esas brujas que se reúnen para hablar de sus cosas feministas. Confundieron su significado entonces y también lo hacen ahora».

BOLLERA

«A partir de la Edad Media, cómo no, y por el gran peso de la religión cristiana de entonces, cómo no, la palabra bollera adquiere un significado completamente despectivo al tratarse de mujeres que conducían carros tirados por bueyes en rituales paganos, cómo no, destinados a la fertilidad de los campos. Lo que más me gusta es que su valor despectivo se ha disipado gracias a su uso entre lesbianas con cierta normalidad».

ZORRA

«Mi hija Joana, de casi 2 años, está aprendiendo a hablar y los animales son sus palabras preferidas. Si ella quiere ser una zorra, una cerda o una loba, que lo sea y se sienta orgullosa de ello (y los animales también). Cualquier palabra que hace referencia a un animal para insultar o descalificar a la mujer me parece lamentable».