Así se creó el mito de la mala mujer

FUGAS

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María Hesse analiza para Fugas cómo la ficción ha ido creando un estereotipo femenino que va de la pasividad a la maldad, tema de su último libro, «Malas mujeres»

05 feb 2022 . Actualizado a las 10:15 h.

«Locas, putas, brujas, liantas, manipuladoras..., en definitiva, MALAS. Este es el lugar que nos corresponde a las mujeres, incluso desde niñas, en cuanto nos salimos de la línea que han trazado para nosotras». Esto escribe María Hesse en Malas mujeres, un libro ilustrado en el que hace un recorrido —desde Eva, culpable del pecado original, a la mitología griega, pasando por la tradición judeocristiana o la novela del siglo XIX hasta nuestros días— por cómo la ficción ha ido moldeando a lo largo de la historia la imagen de la mujer, que aún perdura. Hesse ha sido elegida como una de las cien mejores ilustradoras del mundo y es autora de las biografías de Frida Kahlo, Marilyn Monroe o David Bowie.

Homero hablaba de las mujeres como objeto de deseo de los hombres y causa por tanto de muchos males, incluso de provocar guerras, como Helena de Troya. Para Aristóteles, eran directamente seres inferiores. «Vengativas y locas, mentirosas y ambiciosas, putas y asesinas: allí en la Antigua Grecia se diseñó todo nuestro repertorio de taras para los milenios venideros», asegura la autora. Pero junto a ese estereotipo se fue consolidando otro, representado por Aurora, de La bella durmiente, Blancanieves y Cenicienta: las jóvenes bellas, pasivas, dóciles, que esperan la llegada de un apuesto príncipe que las rescate.

Por sus páginas pasan Eva, Pandora, Afrodita, Medusa, Circe, Penélope, Morgana, Medea, Madame Bovary, Lady Macbeth, Carmen, la mujer que interpreta Glenn Close en Atracción fatal, o la Scarlett Johansson de Match Point, entre otras muchas. «Convertir a las mujeres poderosas en seres depravados y fuera de toda razón ha sido un truco efectivo desde que Cleopatra —tan caprichosa y sibilina que la apodaron 'la serpiente del Nilo'— comenzó a darse sus supuestos baños de leche», señala Hesse. Desde las mujeres pasivas a las brujas perversas, las madrastras malísimas y las femmes fatales mitificadas en el cine negro. Pero en el libro también aparecen Monica Lewinsky, Nevenka Fernández, Britney Spears o Corinna. Todas ellas bajo la invocación de la célebre frase «la culpa de todo la tiene Yoko Ono», a la que se acusó de provocar la separación de The Beatles.

«Llevaba tiempo pensando en cómo el relato y la ficción han ido condicionando la imagen de la mujer», explica Hesse a Fugas. Uno de los aspectos que trata es la competitividad entre féminas: «Nos han imbuido la falsa idea de que nuestra enemiga es otra mujer». También vuelca su experiencia personal en el libro: la niña que soñaba con su príncipe azul, que veía el vídeo de La bella durmiente una y otra vez, a la que llamaban loca en el colegio, se ponía minivestidos en el instituto, donde o se era una mojigata friki o una puta, y que, con el paso del tiempo, se convirtió en madrastra. Un tipo de mujer a la que la ficción presenta como perversa, malvada y envidiosa, pero que es fuerte, astuta, con iniciativa y no depende de ningún hombre. La de Blancanieves es «el primer personaje así de cruel en una película de Disney». Con los años, «entendí que solo eran cuentos, pero se habían reproducido tantas veces en mi cabeza que la lección quedó grabada».

«Es muy difícil romper con esa dicotomía de la mala mujer y la buena mujer, que es un ideal inalcanzable; la mala mujer es la que no se conformaba con lo que se suponía que tenía que ser», afirma. Y añade: «Lo significativo es que la libertad de las mujeres siempre va asociada a actos de egoísmo o maldad pura y dura o incluso a finales trágicos». La moraleja es: «Si quieres ser libre, acabarás así o siendo una loca, porque no sabes controlar tu libertad».

«Locas por todas partes, como sinónimo de todo. Si David Bowie se droga, es excéntrico, un artista; si lo hace Amy Winehouse, es una yonqui. Kurt Cobain se suicidó porque era muy sensible; Marylin Monroe, porque estaba trastornada», explica.

Hesse desmonta los mensajes de películas como las de Woody Allen, en las que cuarentones mantienen relaciones con adolescentes, como en Manhattan. «No digo que haya que censurarlas, pero sí verlas con capacidad de analizar el contexto y de dónde venimos», opina. «Ahora vivimos un buen momento porque hay ficciones en las que la mujer no aparece como mala ni buena, sino con sus fortalezas y debilidades», afirma. El libro está encabezado por una frase de Gloria Steinem: «Somos las mujeres contra las que nuestros padres y madres nos prevenían. Y estamos orgullosas de ello».