Martirio: «En este concierto estoy más desnuda que nunca»

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Martirio con Chano Domínguez.
Martirio con Chano Domínguez. Lou Valerio Dubuis

La cantante, que actúa el sábado en A Coruña, dice que ha aprendido «un montón de la música gallega». Martirio se alía de nuevo con el pianista Chano Domínguez, para rendir homenaje al músico cubano Bola de Nieve, creador del bolero «filin»

10 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La primera vez que se juntaron Martirio y Chano Domínguez, en 1996, revolucionaron la copla. En el 2005, con Acoplados, le dieron una vuelta más de tuerca al asunto. Y ahora estos dos premios nacionales de las músicas modernas se reúnen de nuevo para poner el foco de sus inquietudes en el bolero. Pero no así, en genérico, sino en una de sus figuras más singulares y menos reivindicadas, el sensual pianista y descarnado cantante cubano Bola de Nieve.

—¿Que encontró en Bola de Nieve que tanto le fascinó?

—Es de las voces con más verdad que yo he escuchado en mi vida. Es una voz sin adorno ninguno que te llega al corazón. Me pasa como con la voz de Chavela, que hay un momento de catarsis que te identifica contigo misma y te limpia, te ayuda.

—¿Cómo son estos conciertos?

—Muy íntimos, muy desnudos, muy en carne viva para todos los corazones estremecidos. Tanto para la gente que está triste de amores como para la recién enamorada. A mí Bola de Nieve me ha colocado en otro lugar. A medida que voy investigando géneros siempre me ha gustado sacar otras voces de mí. Y en ese sentido, en este concierto estoy más desnuda que nunca. Siempre termino llorando.

—Bola de Nieve decía que el silencio en medio de una canción vale mucho más que el aplauso final.

—Claro, es que si la gente está bebiendo y hablando mientras yo canto, ¿de qué me sirve que me aplaudan al final? Pero él cuando cantaba conseguía tener a la gente en vilo.

—¿Advierte mucha falta de respeto en el público actual de los conciertos?

—Lo que creo es que nunca ha sido más difícil estrenar una canción. Hoy la gente solo quiere escuchar lo que se sabe. Y tenemos que tener cuidado con eso. Me parece un síntoma de acomodamiento intelectual muy peligroso desde el punto de vista creativo. ¿Qué músicas vamos a dejar si nada más nos queremos acordar de lo que ya sabemos? Hay que tener los sentidos muy abiertos para seguir creando páginas nuevas y seguir aprendiendo.

—Él decía que era un hombre triste que cantaba alegre. ¿Se siente identificada en eso?

—Bueno, él cantaba alegre cuando cantaba alegre. Porque cuando canta triste, no se puede cantar más triste (se ríe). Lo que hace, y eso sí que estoy intentando aprenderlo, es que, aunque cante triste, no le falta nunca la ternura. Que no te falte el perdón, que nunca haya resentimiento. Porque el resentimiento es un enemigo de la curación del desamor.

—Cada vez se valora más como modernas las músicas que conectan o provienen de la raíz. Y ahí habría que incluir el bolero.

—Absolutamente. Mi hijo Raúl, que es un grandísimo investigador de las músicas de raíz, siempre dice «retrocediendo hacia el futuro». Y es verdad. Por ejemplo, cuando se habla de fusión, si tú no conoces las raíces, no puedes hacer una fusión verdadera. Las cosas no se pueden juntar por las buenas, sino porque escarbando descubres que hay estratos que son comunes y que hacen eso verdadero. Pero, oye, no creas que me aferro solo a los clásicos. Hay gente de géneros de ahora que está haciendo cosas que me encantan. Pero tienen que ser algo que me emocione, que me haga reír o llorar. No sé..., el último disco de La Tremendita, o el baile de Rocío Molina, me fascina esa mujer. O Maui, con sus guaserías. Es cierto que hay mucha confusión y mucho gregarismo, pero también se están haciendo cosas muy guapas.

—Y a Martirio, que fue icono de la modernidad, ¿qué le parece hoy moderno?

—Lo que me llega al corazón. Lo que está hecho con respeto y con vergüenza. Eso me parece moderno siempre.

—Hace ya algunos años dijiste que el pop «rara vez hace daño» al sistema, que el flamenco es más subversivo. ¿Lo mantienes?

—Absolutamente. Por eso también el flamenco ha estado menos apoyado. La mayoría de la gente flamenca canta porque han tenido una herida, ya sea de hambre, de amor o de discriminación. Pero siempre hay una herida ahí y esa herida es subversiva. Que a mí me gusta el pop también, eh! Que no estoy renegando. Pero hay músicas que realmente te tocan y te remueven por dentro. Y el flamenco lo hace.

—Tengo la sensación de que siempre te ha tentado má los subversivo que lo complaciente.

—Yo entiendo el arte como algo que sirve para motivar las emociones y que te tiene que movilizar para cambiar lo que no te gusta, para descubrir caminos nuevos y para abrirte la cabeza.

—Tu relación con Galicia se ha estrechado aún más desde que participas junto a Uxía, Ugía Pedreira y Carmen París en el proyecto y en la gira de Enredadas.

—Ay, me lo paso en grande en esas actuaciones. Y además he aprendido un montón de la música gallega, porque Uxía es una maestra. ¡Dios mío de mi vida! Qué cosa más grande de persona y de música. Y después está el descubrimiento de Ugía Pedreira, que es una bomba en el escenario. Creo que somos mujeres que tenemos mucho que ver en la forma de estar en la industria, de haber ido aprendiendo y haber hecho lo que hemos querido y lo que nos ha dictado el corazón, al margen de las modas. Pero es que, además, estoy flipando con la canción gallega. Con la Mónica de Nut, la Guadi Galego, Xoel López, Xabier Díaz, Mercedes Peón, Rosa Cedrón... Me tienen enloquecida, vamos.

??? A CORUÑA TEATRO COLÓN SÁBADO, 20.00 DESDE 19,60 EUROS