El incendio de Rimbaud y Verlaine

MERCEDES CORBILLÓN

FUGAS

ERIC GAILLARD

Todos soñamos con París. Algunos, simplemente, se van allí. Rimbaud era poco más que un niño cuando echó a andar y se fue de su Charleville natal a la gran ciudad. Quizás escapaba de la madre, como sugiere Pierre Michon en Rimbaud, el hijo. Demasiado exigente, demasiado clasista, demasiado fanática, demasiado infeliz. En segunda instancia lo consiguió. Llegó a París y se alojó en casa de Verlaine y su joven y embarazada esposa.

El hombre de los poemas saturnianos, grande, consagrado y feo se enamoró de él quizás antes de conocerlo en persona, quizás cuando leyó los versos que el joven le envió.

A veces las palabras son disparos. O quizás cuando le abrió la puerta. Tras ella, un niño precioso, rubio, petulante que algún día recordaría haber sentado la belleza en sus rodillas. Y la encontró amarga. Y la injurió.

En París, llevaron una vida disipada, beoda, extrema. Rimbaud maltrataba a Verlaine y Verlaine maltrataba a Mathilde. Su amor, el de ellos, era de esos que queman el aire alrededor. No se puede vivir en el incendio. Hubo pasión, hubo huidas, hubo divorcio y hubo un disparo en una estación de tren de Bélgica. Verlaine acabó en la cárcel y Rimbaud dejó de escribir.

Dice Vila Matas en Bartleby y compañía que Rimbaud se cansó de «inventariar las alucinaciones propias y que intuyó que iba a llevar muy mala vida si se dedicaba todo el rato a registrar sus infatigables visiones».

Viajó caminando, un paso tras otro por los caminos de Europa, se alistó en algún ejército, desertó, cambió de continente, trabajó para empresas coloniales, se montó su propio negocio y traficó con armas, se enriqueció, a ratos se lamentó de su soledad, a ratos quizás fue feliz. En algún lugar de África su casa sigue en pie, destino de nostálgicos, de soñadores, de viajeros fetichistas como yo.

Si hay una vida de novela es la de Rimbaud, quizás por eso la contaron tantos. Lo hace Santiago Gamboa en Volver al oscuro valle. La literatura dentro de la literatura dentro de la literatura.

Y, además, París.