El incendio de Rimbaud y Verlaine

MERCEDES CORBILLÓN

FUGAS

ERIC GAILLARD

12 sep 2021 . Actualizado a las 11:08 h.

Todos soñamos con París. Algunos, simplemente, se van allí. Rimbaud era poco más que un niño cuando echó a andar y se fue de su Charleville natal a la gran ciudad. Quizás escapaba de la madre, como sugiere Pierre Michon en Rimbaud, el hijo. Demasiado exigente, demasiado clasista, demasiado fanática, demasiado infeliz. En segunda instancia lo consiguió. Llegó a París y se alojó en casa de Verlaine y su joven y embarazada esposa.

El hombre de los poemas saturnianos, grande, consagrado y feo se enamoró de él quizás antes de conocerlo en persona, quizás cuando leyó los versos que el joven le envió.

A veces las palabras son disparos. O quizás cuando le abrió la puerta. Tras ella, un niño precioso, rubio, petulante que algún día recordaría haber sentado la belleza en sus rodillas. Y la encontró amarga. Y la injurió.