Desde la epidermis hasta las entrañas de Noelle Stevenson

FUGAS

«Nimona», premiado internacionalmente como mejor cómic juvenil, llega a las librerías junto a una nada complaciente autobiografía de la dibujante. Conforman una combinación narrativa muy sugerente

03 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay hoy dos maneras de entrar a Noelle Stevenson (Columbia, 1991). Desde la ficción o desde la realidad. Y se pueden hacer a la vez. Astiberri ha tenido el acierto editorial, o la oportunidad, de poner en el mercado dos trabajos de la creadora estadounidense que juntos funcionan de manera extraordinaria. Dos cómics muy notables en los que entrar en la cabeza y en las tripas de una dibujante a la que convendrá seguir en adelante. De Noelle Stevenson poco se sabía hasta que hace unos años recibió los premios Harvey y Eisner, los más relevantes de la industria del cómic. En España empezó a tener un nombre propio cuando el confinamiento obligó a muchas familias a buscar series que compartir, y ahí apareció en el catálogo She-Ra y las princesas de poder, serie animada de ficción apocalíptica en la que un grupo de mujeres buscaba la manera de salvar el último planeta conocido con vida, atacado por una suerte de coalición del mal. En esa serie había ya muchos de los ingredientes que Stevenson había añadido en Nimona, el tebeo que le valió para entrar en los grandes mercados, y que este verano ha llegado a España.

Como pasó con She-Ra, esta es una obra con dobles lecturas: la épica y la aventura engancharán a los preadolescentes, y el empoderamiento femenino y la tolerancia encontrarán a los adultos. Construidos ambos argumentos con un hilo finísimo, a base de sugerencias que uno advierte con claridad cuando se lee El fuego nunca se apaga. Esa es una suerte de autobiografía de Stevenson en la que se desprende de toda fantasía para explicar qué hay detrás de ella misma, de sus miedos infantiles, del terror a ser diferente, de la búsqueda de la creatividad, de las temporadas de aislamiento, de las mudanzas físicas y psíquicas o del reconocimiento de su homosexualidad. Resulta que cuando uno pasa de esa ficción pseudomedieval de Nimona a la realidad diaria de su dibujante termina por comprender muchas cosas, tanto en un cómic como en el otro. Un ejercicio enriquecedor para el lector.

Porque en esa obra fantástica que es Nimona -lleva por título el nombre de la protagonista- se advierten muchos de los miedos que tenía la dibujante cuando se enfrentó a ese proyecto, y cómo fue resolviendo la trama a medida que también crecía como persona. Este cómic es un trabajo exigente en el que Stevenson demuestra, primero, que es una gran dibujante, y segundo, que sabe muy bien adonde quiere llevar a sus personajes. En síntesis, es un duelo entre dos hombres enfrentados por conseguir, o mantener, el poder en un reino. Tenemos así de entrada una historia de buenos y malos en la que irrumpe una cría con una estética muy atrevida (media cabeza afeitada) a juego con su personalidad, arrolladora, que tiene un poder extraordinario para convertirse casi en cualquiera cosa que ella desee, y se pone del lugar del teórico malo; todo se presenta de cara para que ganen, claro. Este es el resumen, torpemente descrito en estas líneas. Porque Noelle Stevenson va introduciendo pequeños matices en los personajes que terminan por completar un tapiz sugerente de viejos amores, rencillas infantiles y algunos artefactos que explotan por el medio. El cóctel, de veras, funciona. Quien busque un desahogo narrativo lo tendrá; quien sepa leer entre las viñetas, verá bastante más.