Berna González Harbour, escritora: «Nadie está libre de la tentación de la vanidad de salir en la tele»

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MARCOS MÍGUEZ

La recreación ficcionada de uno de los sucesos que conmocionaron al país es el punto de partida de su último «thriller», «El pozo»

05 jul 2021 . Actualizado a las 09:26 h.

Una niña, Estrella, cae por accidente en un pozo. De repente, la atención mediática de todo el país se vuelca en ese agujero, convertido en una suerte de plató televisivo. El caso ficticio que la escritora y periodista Berna González Harbour cuenta en El Pozo (Destino) recuerda inevitablemente al de Julen, el niño que falleció en enero del 2019 tras precipitarse por una fosa de prospección en Málaga. Harbour, que estuvo este miércoles en la Fundación Luis Seoane de A Coruña, se toma un descanso de su comisaria Ruiz, con la que ganó en el 2020 el premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón por El sueño de la razón, para zambullirse en las profundidades del sensacionalismo televisivo. Un pozo del que nadie está a salvo de ser engullido, advierte. Su protagonista esta vez es una periodista, Greta Cadaqués. Ni la niña ni el escenario o los tiempos son los mismos que los del suceso, pero en este thriller hay una crítica feroz al periodismo. Y un homenaje al bueno, porque «lo hay», dice Berna.

­-¿Por qué fue diferente el caso de Julen?

-Desde siempre ha existido el sensacionalismo, pero con el caso de Julen creo que se rompieron todas las barreras. Fue un accidente desgraciado, fortuito, y los platós de televisión se convirtieron en una especie de juicio popular para buscar culpables, sospechosos, lanzar bulos. Sentía que debía una novela al periodismo y fue un caso que me dejó perpleja. Cómo se convirtió aquello en un gran circo, cómo fuimos capaces, como sociedad, de entretenernos con la desgracia de una pobre familia. Lo concitaba todo. Se hacen tropelías con muchos casos, pero Totalán no es Tenerife, en Tenerife hay un asesino.

­-¿Por qué escoge la redacción de una televisión? ¿Se presta más al «infoshow»?

-Hay informativos que los ves y estás sobrecogido por la música, los rótulos, el espectáculo. Es muy difícil asistir ahora a unas noticias de televisión de forma pausada, tranquila, razonable. Todo se está convirtiendo en un entretenimiento. Prima la imagen en los periodistas por encima de la calidad. En la novela, la becaria está triunfando más por su físico que porque tenga fuentes, como Greta. Eso es a lo que estamos asistiendo hoy: la información al servicio del espectáculo en un binomio bastante poco ético.

­-Hay muchas películas sobre el periodismo, pero pocas novelas. ¿Por qué?

-Es cierto. Hay mucho cine, Buenas noches, y buena suerte, El gran carnaval... y a mí me ha costado mucho escribir esta novela. Emocionalmente, es la más difícil. Se lee rápido, pero se escribe lento porque tiene mucho de destripar y hacer autocrítica. Tenía pudor de entrar en mi profesión. Me pasó con los libros de la comisaria Ruiz con el personaje del periodista Luna. Mucha gente me pedía darle más protagonismo, una novela sobre periodistas. Cuando surgió lo del pozo dije «es el momento», pero me ha costado.

­-¿Hará reflexionar a algún periodista?

-Sí, muchos me están escribiendo. Claro, me escriben los buenos. Es una novela arriesgada. Hay que ser muy valiente para sacar esta novela en los medios [sonríe]. Me están escribiendo también muchos estudiantes de periodismo que se hacen estas reflexiones. No olvidemos que Greta, la protagonista, es joven, tiene 30 años y tampoco ella se puede negar a las exigencias del jefe. Esta es una realidad que empeora el periodismo, la precariedad. En la medida que no tienes fortaleza, a ver quién es el guapo que se planta.

Berna González Harbour estuvo esta semana presentando «El pozo» en el ciclo «Somos o que lemos», que se vuelve a celebrar de forma presencial en la Fundación Luis Seoane de A Coruña
Berna González Harbour estuvo esta semana presentando «El pozo» en el ciclo «Somos o que lemos», que se vuelve a celebrar de forma presencial en la Fundación Luis Seoane de A Coruña MARCOS MÍGUEZ

-Los clics se han impuesto al «share».

-Esto es lo que diferencia este momento histórico de anteriores, como El gran carnaval. Todos los periódicos, radios, agencias, competimos por informar en tiempo real y por conseguir los clics. Eso va creando una ansiedad en el lector o espectador. Encuentran a una niña de Tenerife y ya queremos encontrar la siguiente. Claro que queremos, pero es como que nada basta. El público es insaciable, quiere devorar más, nosotros se lo queremos dar, y es un círculo vicioso que no sé cómo va a acabar.

-La sociedad o los medios, ¿quién comete el pecado original?

-La responsabilidad es nuestra, pero es una mirada sobre la sociedad que engulle este tipo de carnaza como quien ve una telenovela. Se le encoge el corazón, pero participa. En la novela, el tío de la niña se convierte en el portavoz familiar. Los vecinos lo ven en la tele y dicen «pobrecito». No se compadecen de la persona de al lado, sino de la que está en la pantalla. Cuando se ve, él mismo piensa: «Qué gordo estoy, sudando, y se va a duchar. Nadie está libre de la tentación de la vanidad de salir en la tele. Las televisiones utilizan eso para captar testigos, víctimas, familiares que entran en ese juego del espectáculo sin darse cuenta de que, tan pronto caiga la audiencia, no eres nadie.

-Aunque esta no es una novela negra, sí tiene mucha negritud y suspense. ¿Es el mejor género para llegar al público?