Miriam Tirado: «Muchas veces cargamos en los hijos nuestra propia felicidad»

FUGAS

La autora del superventas «El hilo invisible» presenta «La fuente escondida», donde nos da pistas para conectar con nosotros mismos

26 may 2021 . Actualizado a las 09:15 h.

Sus cuentos siempre producen un suspiro. Esa paz de saber que todavía podemos sentirnos mejor, de que tenemos las herramientas para que las piezas del puzle encajen. Después del éxito de El hilo invisible, Miriam Tirado acaba de publicar La fuente escondida, un cuento que nos enseña a conectar con nosotros mismos.

­-Con «La fuente escondida» pasa un poco lo que con «El hilo invisible». En general, tus cuentos nos ayudan a sacar una parte de nosotros que no siempre tenemos presente.

-Sí, en todos mis libros intento hablar de eso que no se ve y no se toca, pero que son cosas muy importantes de la vida y que existen. El hecho de que no las tengamos tan presentes no significa que no existan, y al final, cuando conectas con eso, son aspectos muy importantes. Cuando somos conscientes de que están o no, hace que tengas una vida más feliz o no.

-Si antes se trataba de encontrar los vínculos con los que no están, ahora el objetivo es conectar con nosotros mismos.

-Este libro no me lo encargaron, no me dijeron se trata de hablar de conectar con nosotros, pero con el confinamiento y en plena pandemia, yo estaba muy de conectar conmigo y de encontrar mis herramientas y mi forma de sostenerme. También de hacer contenido que ayudara a la gente, y lo que me salió fue eso: es importante estrechar vínculos con los demás, pero, si no conectamos con nosotros mismos, lo otro es muy difícil.

-Muchas veces esa conexión es intermitente, no somos capaces de sostenerla en el tiempo, ¿no crees?

-Sí, es una pena. Yo creo que hay varios motivos de por qué. Ni nos han enseñado que podíamos conectar con nosotros, ni nos dijeron lo importante que era, ni cómo hacerlo. Cuando de pequeño a esto no se le ha dado valor, en cambio, se ha primado que complazcas a los demás, que hagas cosas que a lo mejor tú no quieres, pero sí quieren los demás... Esto te va desconectando de ti, y llegamos a la edad adulta sin saber muy bien cómo hacerlo. Cuando conectamos sí lo sabemos, porque todo fluye. Si uno hace lo que siente que debe hacer, los vientos soplan a favor, pero, cuando no es así, uno está desencajado en sí mismo, nada cuadra, no fluye. Nos cuesta dar valor a lo que sentimos y confiar en eso. Yo quiero eso, necesito eso y a mí me gusta eso, aunque no le guste a nadie más. Tenemos esa necesidad de encajar, de ser bien vistos, de ser validados por los demás, y con esto nos ignoramos y no nos escuchamos como debiéramos.

-En el libro vemos cómo el niño conecta antes con su fuente, y es el que ayuda al padre a que lo consiga. En el tema de buscar la felicidad nos llevan ventaja.

-Es que los niños nacen conectados, nunca verás un bebé desconectado de sí mismo. No se cuestiona, no quiere ser como otro bebé. A medida que van creciendo siguen muy conectados, la fase egocéntrica ayuda a tener muy en cuenta lo que un niño siente, y sienten lo que sienten, y lo expresan sin preguntarse si va a encajar o no. Son muy transparentes, no tienen esos condicionantes que, a medida que vamos creciendo, nos van frenando y desconectando. Condicionantes sociales, culturales y familiares que nos van apartando de esa fuente.

-¿Nos das alguna pista para aquellos que todavía no han encontrado su fuente?

-Lo primero que tienen que hacer es recordar si alguna vez se han sentido conectados consigo mismos, y a qué edad fue cuando han sentido que brillaban por dentro, esa sensación de confianza en la vida, en uno mismo... Normalmente esto nos lleva a la infancia y a lo que realmente nos gustaba hacer, con qué cosas vibrábamos. Hay personas que han vibrado muchísimo dibujando, cantando, hasta que alguien les dijo: «Esto no está bien», «te has salido de la raya», «desafinas». Y al no recibir la aceptación del otro, se han alejado. Hay que reconectar con esa sensación. A veces es haciendo nada, solamente estando en algún lugar. Hay gente que conecta mucho consigo mismo en el mar o en plena naturaleza. Por ejemplo, para mí es el bosque. Es donde me siento muy yo, donde encuentro que todo fluye. Hay que hacer un ejercicio de introspección, de tirar del hilo, de ver cuándo me desconecté, cuándo me siento más desconectada. Hay gente a la que le pasa en el trabajo, porque igual está haciendo algo que no le llena. A otra en casa, porque igual la relación de pareja está muerta, o casi. Con algunas personas: hay unas que te conectan y otras que te desconectan. Una vez tomemos conciencia, podemos hacer algunos cambios que nos acerquen a ese bienestar.

-Pol necesita cerrar los ojos para encontrarse. ¡Qué cierto!

-Cuando los cerramos, buscamos ese silencio, ese ir hacia dentro. Con ellos abiertos es difícil porque la vista se te va, y te conecta con el exterior, y lo que tenemos que hacer es ir hacia dentro para que luego afuera las cosas encajen mejor.

-«Yo no quiero hacerte feliz, quiero que lo hagas tú». Cuántas veces buscamos la felicidad en otros, y nosotros mismos tenemos la llave.

-En los niños esto recae mucho, se les dice mucho: «Es que, si te pones así, yo me pongo triste» o «me haces enfadar». Es una responsabilidad para los niños el saber o sentir que nuestra felicidad recae en ellos, es un agobio. No, no, sé feliz tú y luego ya nos relacionaremos. Si madres y padres solamente podemos ser felices cuando nuestros hijos están contentos, mal vamos... anda que no se enfada un niño. Hay una necesidad de que nos llenen los demás, de que todo esté bien afuera, y luego yo estaré contento. Es al revés. Encuentra tú el gozo de vivir y después podrás lidiar muchísimo mejor con lo que pase en el exterior, no te afectará, e incluso podrás ayudar más a tus hijos si estás centrado y sereno.