Zahara, cantante y víctima de «bullying»: «Lo que me pasó es una desgracia, y no dejan de pasar estas cosas»

La artista lanza «Puta», el disco en el que habla del «bullying» machista y los abusos que sufrió cuando la convirtieron en la «chica fácil» del colegio


Oficialmente, el disco del año en el pop español es Madrileño de C. Tangana. Pero, seguramente, las miles de personas a las que se les meneó el corazón al escuchar Merichane tengan en mente el que hoy edita Zahara. Aquella canción adelantaba Puta, el álbum con el que la artista explora sus tinieblas personales para hacerlas universales. Partiendo de la citada Merichane -nombre que recibía la prostituta de su pueblo y el apodo que le pusieron a los 12 años-, se explora una oscura adolescencia marcada por el bullying, los abusos, el machismo y los trastornos de alimentación. Ahora ve la luz como una catarsis de synth-pop.

­-¿Tuvo miedo de lanzar un disco así?

-No. Creando las canciones me he sentido muy libre. Pero ahora que hablo de ello y que ya se conocen las canciones tengo pesadillas por las noches, de despertarme y decir: '¿Qué hecho? ¿Qué he contado?' [risas]. Es ahora cuando me planteo.

-El disco refleja una adolescencia terrible en la que la música hizo de refugio. ¿Sería artista de no haber pasado por aquello?

-Yo no hago esa relación. Soy artista porque tuve un entorno que estaba lleno de música y magia, favoreciendo la creatividad. Lo que me pasó fue una verdadera desgracia y ojalá nunca me hubiera sucedido. Si he conseguido hacer canciones y ser mejor persona ha sido a pesar de eso, no gracias a eso. Cambiaría todo lo que he vivido, aunque significara no haber escrito ninguna canción. Pero creo que haría canciones igualmente, porque las hago como refugio, pero también porque me hacen feliz. Tengo 37 años y no he sido capaz de hablar de eso hasta ahora. No solo contigo, que no te conozco de nada, sino con mis amigos ni mi familia. Con mis padres tengo una relación preciosa, pero me decían el otro día: «Si te vuelve a pasar algo, por favor cuéntanoslo, que no nos enteremos por la prensa» [risas]. Es que ha sido todo muy fuerte.

­-Dice que Taylor Swift la empujó.

-Es la desencadenante. No me gustaba especialmente, pero vi el documental Miss Americana y me quedé impresionada. Hablaba de la adicción que tenemos a que nos quieran y nos reconozcan. Cuando nos quitan eso te preguntas: «¿Quién soy yo sin ese afecto?». Eso me voló la cabeza porque estaba viviendo esa falta de los fans. Me sentía en la mierda. Ese día me puse su disco 1989 y bailé por toda la casa. Me dieron las ganas de escribir. Hice un texto madre del que luego surgieron cinco o seis de las canciones del disco.

­-En «Merichane» habla de lo que supone convertirse en «la puta de la clase». ¿Es el tema más importante de su carrera?

-[Piensa unos segundos] Antes estuvo La Bestia, con la que descubrí que no había que tener miedo. Hasta entonces era todo más naíf. Cuando hice Merichane supe que iba a ser la primera, porque sintetizaba todo lo que había en Puta. Es como un tráiler de lo que iba a venir luego. Sí que creo que ha sido definitiva, me ha marcado y me ha ayudado a sacarlo todo.

-¿Ha recibido algún mensaje de los personajes que salen en ella?

-Me han escrito amigos de mi infancia pidiéndome perdón por no haberlo visto. Yo les dije que era normal que nadie se enterase de nada porque yo nunca quise que se supiera. Me han mandado mensajes preciosos de compañeros de profesión, dando las gracias por contar eso. También amigos. «Quiero llamar a todas las chicas con las que he estado en mi vida para preguntarles si les hice daño», me decía uno. Pero justamente de los que se podían dar por aludidos, no.

-El tópico del disco terapéutico aquí se sublima. ¿Qué ha supuesto?

-Ha sido un descubrimiento. Llevaba año y pico con mi terapeuta. Había ahondado mucho. Pero hasta que compartí Merichane no se produjo esa catarsis verdadera en mí. Empecé a recibir miles de mensajes de mujeres contándome situaciones parecidas a la mía. «Me violaron, nunca se lo había contado a nadie y se lo acabo de decir a mi novio». «Cuando era una niña una familiar abusó de mí». Y así sin parar. Ahí para mí se produjo una liberación. Al escuchar sus historias surgió en mí la compasión. Escucharlas sin juzgarlas y sin hacerlas sentir culpables. Al sentir eso hacia ellas sentí lo mismo hacia mí. No sentí culpa. Y eso es lo más bestia que me ha pasado.

-¿Impresiona ver la cantidad de historias de humillación que están ocultas?

-Sí, te preguntas: '¿Pero es posible que aún pase esto? Todo está ahí. ¿Cuándo va a cambiar esa situación? ¿Cómo no se va a proteger esto haciendo una ley de violencia machista? ¿Cómo no lo vamos a proteger, si no paran de suceder esas cosas? Me vuela la cabeza que una parte de la sociedad diga que no hay machismo porque la mujer está trabajando.

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