¿Le darán el Goya a Paco Umbral?

Sería «demasié», como diría él... El documental «Anatomía de un dandy», de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, aspira al premio con un gran retrato impresionista del escritor que engulló al hombre


Quién sabe quién era Umbral. «Yo he venido aquí a hablar de mi libro», dirá usted... Umbral y sus placeres y sus días, y Pitita Ridruejo, y Cela, y Leopoldo de Luis, y Ramoncín, los nombres al pedestal de la negrita si lo decidía él.  Umbral y Lola Flores, Umbral y Milá, qué momentos de escándalo de la televisión.

Francisco Umbral había venido al mundo a hablar de su libro, lo supo quizá ya desde los 11 años, cuando le echaron del colegio y no volvió más. Se refugió enseguida en los libros de la biblioteca en la que trabajaba su madre, en el que sería su mundo, su forma de ser.

Más que «el libro» de Umbral nos interesaba lo demás, esa parte reinona que él se vio y explotó desde los 80, con un histrionismo procaz hacia el final. Paco Umbral supo fingir verdaderamente bien. El «hijo de Greta Garbo» fue, parece ser, el primero en escribir demasié. Pero él no contribuyó al lenguaje, fue el lenguaje el que contribuyó a él, le dice a Jesús Hermida en una de las grandes entrevistas de la historia en televisión.

Umbral fue el quinqui de Pierre Cardin que quiso parecer, fue el enfant terrible amante (de las mujeres y los gatos) que le dio lo suyo a Madrid y no abandonó a España, con la que formó una «sagrada familia» inacabada por la pérdida del hijo. Ese fue quizá el final del hombre que pudo ser.

Como Valle-Inclán, Umbral dio con el punto justo de dandismo para volver a casa con los zapatos limpios y las gafas siempre puestas, «como un monóculo de doble impertinencia». 

Quizá usted sabe un poco quién era Umbral si leyó Mortal y rosa o Un ser de lejanías. O no... No se me ocurre ningún manual de texto mejor para apasionarse por nuestras letras que Las palabras de la tribu, de Rubén Darío a Cela. Debería estar en los institutos, siempre a mano.

Es tan real su voz, la presencia de Umbral en el documental Anatomía de un dandy (Filmin). Umbral es Valle, es Larra, es Oscar Wilde, apunta la especialista Bénédicte de Buron-Brun en esta película, en la que Umbral nos mira desde dentro de su abrigo (que llevaba hasta en verano), desde dentro de su frío, desde la mirada nueva de  Charlie Arnáiz y Alberto Ortega. En Anatomía de un dandy nos mira como un gato de la calle el enigma que es Francisco Umbral, que no tenía este nombre en el carné, ni tampoco padre en él.

El padre secreto de Umbral, que nos reveló Jabois, está en este relato, mental, mortal y rosa, como está la luz del hijo, la manera en que la muerte del pequeño Pincho apagó al padre y embraveció definitivamente al escritor. Está la ametralladora de sus dedos en las teclas de la Olivetti como quien mata al hacer el amor. Sus maestros, su madre, sus amigos, su mujer, su intenso yo. Umbral a través de las décadas, en la «movida» que él rubricó. «Si algo de lo que escribo está vivo es porque yo no pierdo nunca el contacto con la gente», aseguró.

 Anatomía de un dandy revela lo hijo que es de su infancia Paco Umbral, cómo se decidió a reventar su timidez, cómo fue viviendo en el disfraz y cómo quiso morir el gran autor al que Miguel Delibes descubrió dando una primera oportunidad en Valladolid. Umbral murió en una cama de hospital dictando su columna, en un perfecto final abierto. Umbral no vivió, escribió.

En Los botines blancos de Piqué, escribe que la vida de Valle consistió en «renunciar a sí mismo para construirse otro sí mismo». Como él.

Más que ver a Lola Flores resucitar en un anuncio, la vanguardia hoy es recordar.

¿Quién fue Paco Umbral? Anatomía de un dandy nos acerca, con entrevistas valiosas que no restan primer plano al autor y con fotografías íntimas que no se habían visto la luz. 

«Ir muriéndose es ir alejándose de las cosas, o ver cómo las cosas se alejan. Así, acudo a fiestas, tareas, usos cotidianos inmediatos, y me parece venir desde muy lejos, desde mis lejanías de hombre que agota a grandes pasos su biografía. A uno le queda ya poco, pero no poco o mucho de vida o de muerte, sino poco de uno mismo, poco de lo que fue, de lo que fui», escribe en Un ser de lejanías el autor que señaló el punto débil de las críticas: «Nunca aciertan con los puntos débiles de uno».

El Goya se merece a Umbral.

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