Bárbara Grandío: «Desde que estoy en 'La que se avecina' todos se creen que tengo voz de pito»

La actriz gallega, que destaca por su humor, acaba de estrenar la película de Javier Fesser y triunfa en la tele en el papel de Sonia, la profe rancia. «Yo soy más mística y de hierbas», dice


Si no fuera actriz, a Bárbara Grandío (A Coruña, 1983) la pillarían cantando. Le va la copla, tiene mucho humor y asegura que su carácter determinado es una herencia de las mujeres fuertes de su familia: su tía, su madre, su abuela, que siempre han sabido que Bárbara no tiene freno. Ahora le ha llegado otra oportunidad de lujo, y además de triunfar en La que se avecina, con el papel de Sonia, Javier Fesser la ha elegido para su nueva película, Historias lamentables, que ya se puede ver en Amazon Prime.

 -Tu personaje es muy peculiar. Tiene una empresa en la que hace creer a la gente cosas que no son. ¿A ti qué te gustaría creer?

-Uy, qué difícil, no lo sé.

­-¿Crees en la gente?

-Sí, soy confiada en general, bueno, últimamente no tanto, con lo de la pandemia. Pero quiero creer que vamos a ser capaces de cumplir las normas. Y sí, me gusta esa cosa de creer, aunque sea tener fe en el Colacao, me gusta apoyarme en algo, no tiene que ser una religión, pero necesito un motor que me ayude.

-¿Con Fesser hubo mucha química? ¿Es fácil trabajar con él?

-Sí, muy fácil. Es muy creativo, también muy exigente con su trabajo, pero porque tiene muy claro lo que quiere. Eso suele pasar mucho con los directores que escriben, porque en su cabeza ya lo tienen montado. Pero a la vez da mucho margen para crear, te ayuda un montón, le puedes proponer cosas que las acepta de buena manera y te lleva muy bien de la mano. Es muy honesto con su trabajo.

-¿Por qué dices que alucinaste?

-Por la manera de tratar al personaje, porque lo hace sin juzgar y al tiempo te deja libertad. Él te dice: 'Yo me lo imagino así. ¿Tú que crees?'. Y en el rodaje es muy despierto y te suelta: 'Ostras, ¿y si ahora hacemos esto?'. Y ves que encaja a la perfección porque lo tiene en su cabeza y de repente brilla todo. Da gusto. -Tú empezaste en el instituto a hacer teatro.

-Sí, yo soy muy tímida, lo he sido siempre. Y el teatro era algo que me apetecía muchísimo, pero no sabía si iba a ser capaz, si podría ponerme delante de alguien y hablar.

-Hasta el punto de sufrir: te sudaban las manos...

-Sí, me sudaban las manos y me caían los mocos, que luego he preguntado si es normal, y lo es. Tanto lo uno como lo otro. De hecho, me pasa antes de cada función. No tengo nervios de temblar, pero lo de los mocos y las manos es muy bestia. Lo de ser actriz era una cosa que tenía clara sin saber lo que era. Yo veía una película y decía: 'Voy a hacer eso'. ¿Cómo? No lo sé', ja, ja. 'Ya veré, pero tengo claro que lo voy a hacer'.

-Eres determinada.

-Sí, de hecho mi madre y mi tía decían: 'Lo de actriz es lo único que has hecho y no dejas'. Porque he empezado quinientas mil cosas que no han llegado a nada: carrera, cursos... Y ellas pensaban: 'A ver cuándo se aburre'. Pero con esto no.

-Se te nota que eres una persona con mucho humor. Te ríes de lo dramático.

-Sí, me hace mucha falta, y en esta época más, es la única forma de sobrevivir.

-¿Con qué te has sorprendido a ti misma durante el confinamiento?

-Me he organizado muy bien, mi encierro ha sido muy creativo: me monté un estudio en casa para poder hacer locuciones, narré una serie, cuñitas para anuncios. Me puse a pintar, pero pinto fatal, hago pendientes... Quieta no puedo estar.

-Trabajar en «La que se avecina» te ha dado muchísima popularidad.

-Sí, lo noto mucho ahora que se está emitiendo en Telecinco, sobre todo en las redes. De pronto recibo muchos mensajes diciéndome que les alegro la vida y la verdad es que es alucinante, mola mucho. En las redes no me dan caña, yo me tomo las cosas bien, eso es cierto, y bueno, mis publicaciones tampoco son de influencer [risas], hago el tonto. Así que ya no me pueden decir más de lo que me digo yo. Date cuenta de que en la promo de La que se avecina salgo con un ojo torcido, con la boca medio abierta, y entonces la gente pensará: '¿Qué le voy a decir?'. 'Más no se puede', ja, ja. Me caracterizan de rancia y de señora coñazo.

-¿Nos vamos a reír con la película de Fesser o nos va hacer pensar más?

-Os vais a reír, pero también da que pensar. Y te ríes a gusto. Son cuatro historias diferentes que nos hacen mirar para dentro.

-¿Tienes mucho de bruja?

-No, de bruja mala no, pero de mística sí. De mística y de hierbas lo que quieras.

-No rollo Pantoja.

-Ja, ja. ¡Qué yuyu!, no, no, yo todo lo arreglo con hierbas.

-¿También los males de amores?

-No, eso no sé cómo se arregla [risas], pero si te duele algo, yo te digo: 'Pues tómate esta hierbita y esta'.

-¿Y qué te pasa con los olores? He leído un titular por ahí un tanto extraño.

-Calla, calla. A mí me gustan mucho los perfumes y una vez me preguntaron desde dónde empiezo a trabajar un personaje. Yo suelo trabajar a partir de la voz, me gusta ponerles voces diferentes y que empiece a surgir el movimiento, las características físicas. Pero a veces también, si en la prueba de vestuario me he puesto determinada colonia, cuando llego a mi casa digo: 'Esto huele a este personaje'. Cuando huelo una colonia pienso: 'Hala, esto es de cuando hice La casa de Bernarda Alba...', es evocador. Pero no es que yo cree mis personajes a partir de un perfume.

-Tu voz es muy particular, muy bonita.

-Gracias, me gusta mucho trabajar desde ahí, la gente desde que salgo en la tele, como no me conocen, creen que tengo esa voz de pito de Sonia, mi personaje en La que se avecina. Todos me preguntan: '¿Hablas así?'.

-¿Has vivido siempre rodeada de mujeres? Me hablabas antes de tu madre, tu tía...

-Sí, yo no tengo hermanos, pero vivía con mi madre, con mi tía, mi abuela, y bueno, con mi padre. Casi me olvido de él [risas]. Eso marca una forma de ser, además mi madre es asturiana y mi abuela vasca, son mujeres fuertes del norte. Pero han sido muy permisivas conmigo y han sabido siempre que yo las escucho, pero no les hago caso. No pregunto y ellas no lo esperan. Saben que no me pueden frenar. Pero me reconozco en ellas, mi madre es cincuenta veces más graciosa que yo y más en todo. No es actriz porque no le da la gana. 

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