David Ruiz, cantante de La M.O.D.A: «Este disco es una celebración de la derrota»

El septeto burgalés publica hoy «Ninguna ola», un álbum opresivo y de apabullante intensidad, grabado bajo la producción de Raül Refree


No es La M.O.D.A. uno de esos grupos que se lo ponen fácil al oyente. Quizá de ahí que la comunión con sus seguidores sea tan brutal. Tampoco se lo ponen fácil a ellos mismos. Ni siquiera tras llenar el Wizink Center. Un hito, confiesan, con el que nunca siquiera soñaron. Poco antes habían decidido concederse año y medio para grabar el que sería su siguiente disco. «Hemos tenido más tiempo y más medios que nunca», reconoce David Ruiz, cantante y compositor de la banda. Y por si eso no fuera suficiente han contado para su producción con Raül Refree. El resultado es apabullante. Diez canciones de una intensidad incontenida envueltas en densas atmósferas sonoras que las hacen aún más opresivas. Con el desarraigo, el físico y el emocional, como eje argumental. «Sí, es un disco crudo y potente. Hemos buscado otros caminos que no hubiéramos transitado para ser capaces de transmitir toda la emoción que pretendíamos».

-Hay un sonido diferente pero al tiempo es La M.O.D.A. en esencia pura.

-Sí, queríamos mantener la esencia y conservar la identidad, pero a la vez reinventarnos.En marzo cumplimos diez años como banda y sentíamos que no queríamos agotar ninguna fórmula, estancarnos o convertirnos en una parodia de nosotros mismos. Y para eso creíamos que Raül (Refree) era el aliado perfecto. Porque él mejor que nadie nos podía ayudar a explorar y redefinir nuestros límites.

-¿En qué se nota su mano?

-Hay en este disco como una filosofía general del menos es más. O más bien diría de intentar llegar a la máxima emoción con los menos elementos posibles. Aunque seamos siete, no caer en la trampa de, venga, los siete a la vez. Y cuanto más fuerte, mejor. Raül es lo contrario a eso. Muy austero pero no por ello menos intenso.

-Y todo lo que toca lo convierte en oro.

-No era eso lo que buscábamos. Raül no nos va a llevar a llenar un Wizink porque eso ya lo hemos hecho. No, no iban por ahí los tiros. Yo a Refree no lo veo como un productor comercial sino más bien todo lo contrario. Como un productor capaz de retorcer un poco más las composiciones o los sonidos de los artistas con los que trabaja. De hecho creo que es más fácil de escuchar nuestro primer disco que este.

-Este es uno de esos discos que al acabar de oírlo requiere un tiempo de silencio para procesar lo escuchado.

-Es un disco denso pero a la vez muy contenido. Está grabado tocando los siete a la vez. De ahí que el sonido sea más crudo pero a la vez más natural. Es el reflejo de cómo sonamos a día de hoy. El reflejo de lo que somos. Para bien y para mal. Lo importante es que ya tenemos la suficiente confianza en nosotros mismos como para ponernos delate del espejo sin miedo.

-Las canciones de «Ninguna ola» suponen un muy crudo y fiel retrato y reflejo de este tiempo.

-Es muy curioso, porque el disco lo acabamos de grabar el 13 de marzo. Pero en ningún momento tuvimos miedo de que estas canciones se quedasen desfasadas. Al revés, íbamos viendo como pasaba el tiempo y las canciones cogían aún mayor sentido en este contexto. Si hubiéramos hecho un disco muy feliz, que solo hablase de amor, de la playa y del verano, sacarlo ahora sí que quedaría raro. Pero no es el caso. Y es un disco completamente vigente. Lo cual me lleva a pensar que en realidad la pandemia lo que ha hecho ha sido poner de relieve sentimientos y emociones que ya estaban ahí y que son las que han servido de caldo de cultivo y de inspiración para este álbum. No es que el mundo fuese perfecto antes de la pandemia y que esta lo haya roto. El drama ya venía de atrás, por desgracia.

-Realmente parece un disco escrito en plena pandemia.

-Eso por un lado me satisface. Pero, al tiempo, me resulta aterrador pensar que todo lo que se dice en este disco ya lo habíamos escrito antes.

-Las letras son más crípticas que nunca.

-Bueno, eso es marca de la casa.

-Pero la sensación es de que esta vez les has dado aún una vuelta de tuerca más.

-Se trataba un poco de eso, sí. De intentar no repetir letras que ya he escrito. Y es jodido. Y supongo que en cada disco lo será más. Respecto a que sean crípticas, me gusta que cada quien las entienda a su manera. Lo de explicar las letras me parece muy pedante. Me da mucha pereza.

-Hay mucho de crónica social, de mirar alrededor desde el compromiso.

-Cada uno tiene su manera de mirar la vida y a cada quien le afecta lo que pasa a su alrededor de una manera diferente. Yo me limito a describir sentimientos. No creo que nuestras letras puedan ser etiquetadas como políticas, ni de compromiso social. Ni de amor… Van más allá. Son una mezcla de todo, como la vida misma. Es cierto que son como un poco dramáticas, como un poco tristonas. Lo he pensado siempre. Pero es que siempre he encontrado más poderosa y más potente una canción triste que una feliz. La tristeza es un sentimiento más profundo y que marca más que la alegría. La alegría es para vivirla y compartirla. Yo si estoy alegre, lo último que se me ocurre es ponerme a escribir una canción.

-Decís en la canción que abre el disco que «el mundo es un campo de batalla». ¿Lo ves así?

-Un poco sí. Y sobre todo para la gente más desfavorecida, claramente lo es.

-También dices que «si salimos adelante es por los que vinieron antes».

-Sí, es un homenaje a nuestros abuelos. Demasiadas veces nos olvidamos de quiénes somos y, sobre todo, por qué hoy somos lo que somos.

-¿Tienes fe en la humanidad?

-No sé si tiene un punto de estupidez, pero sí, sí que la tengo. No es una fe ciega, de mensaje de tazas de Mr Wonferful, sino que es algo que realmente siento dentro. Algo instintivo que creo que tiene que ver con nuestra naturaleza, con lo colectivo. Como un sentimiento de pertenencia a algo más grande que a mí mismo. A lo mejor es una manera de quitarme y responsabilidad (se ríe). De «yo no me veo capaz pero confío en vosotros para que lo logréis».

-La última canción del disco termina con una especie de mantra en el que repites una y otra vez «Lo hemos perdido todo. Lo hemos perdido todo».

-Sí, es un poco el resumen del disco. En el fondo, es una celebración de la derrota. En demasiadas ocasiones nos olvidamos de lo esencial y solo cuando aparece algo jodido de verdad como esta pandemia, la muerte, una enfermedad o no tener un plato de comida para ponerle a tus hijos es cuando te das cuenta y abres los ojos. Y esa canción como que intenta restar drama. Ahí el narrador ya está en paz. Ha aceptado las derrotas, la frustración, la rabia, el victimismo, el enfado contra sí mismo… Y al cantarlo con el coro, al compartirlo, es como si esos sentimientos negativos se diluyesen. Quizá sea un mensaje demasiado simplista.

-No me lo parece en absoluto.

-Pues me alegro. A lo mejor es que meto mucha caña yo a mí mismo. Es que con esa canción, y un poco también con el disco, queremos decir «estamos jodidos… pero estamos». Y, hostias, eso ya es mucho.

 

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