Payne rastrea la singularidad de la historia de España

El hispanista estadounidense ve en la Reconquista y en el déficit de la modernización los dos rasgos únicos de nuestro devenir histórico


El libro de Stanley Payne (Denton, Texas, 1934) no es un manual de la historia de España, sino una interpretación sustentada en sus largos años de estudio y en una amplia bibliografía, que no evita prácticamente ninguna de las grandes polémicas que afectan a nuestro devenir histórico. De entrada, hasta el título, España. Una historia única, puede ser engañoso. Cuando se publicó, el autor aseguró en una entrevista a La Voz que la historia de España «tiene singularidades importantes, pero es un error frecuente de la historiografía española no reconocer que también es casi siempre una historia europea». Y concluía: «En España hay una tendencia al ombliguismo y al ensimismamiento, creer que algo es horriblemente español, cuando es la versión española, mejor o peor, de lo que está pasando en Europa».

 Reconquista sin parangón

En todo caso, Payne señala que «la historia siempre es específica y singular, y, por tanto, en aspectos clave, única». Y se para en los momentos en los que lo ha sido más en España: la conquista musulmana y la posterior Reconquista y el fracaso de la modernización que dio origen al llamado «problema de España», que surgió en el siglo XVII con el declive de su poder económico y militar. Para el hispanista, «la Reconquista española fue un proceso en ciertos aspectos único en la historia europea y mundial», ya que nunca se dio el caso de un reino que fuera conquistado por el islam o cualquier otra civilización extranjera, sometido y profundamente transformado y aculturado y que, siglos después, no solo recuperará el territorio y expulsará a los invasores, sino que extirpará la civilización atacante. Su conclusión es contundente: «Si los españoles no hubieran logrado nada más, solo por esta razón la historia de España habría sido totalmente singular». Payne dedica un capítulo a desmontar el mito de al-Andalus, como un «paraíso multicultural» donde convivían armónicamente musulmanes, cristianos y judíos, y minimiza la influencia real del Islam en España.

El autor incide en que «en líneas generales, aspectos destacados de la historia de España han suscitado actitudes más negativas y críticas que las de ningún otro país europeo-occidental» y hace un recorrido muy interesante de cómo ha ido variando a lo largo del tiempo la imagen que los extranjeros han tenido de nuestro país, de la Leyenda Negra al mito de la España romántica. Los españoles pasamos de ser crueles, fanáticos y sanguinarios a orgullosos e indolentes y a hombres de fe con sentido del honor. Esas imágenes tenían en común «el cliché, la simplificación y el maniqueísmo». Pero destaca que «casi todas las declaraciones más absurdas y exageradas sobre la cultura y la historia de España las han hecho los propios españoles». Otra de nuestras singularidades es que «España es el único país para el que la 'decadencia' se convirtió en una obsesión», aunque buena parte de Europa la sufrió en mayor o menor grado durante el siglo XVIII.

Una de las ideas-fuerza de la obra es la contraposición de dos grandes relatos ideológicos que sobrevivieron a lo largo de los siglos. Por un lado, el Gran Relato de la España tradicional católica, unida, que se formó con Isidoro de Sevilla, al que considera «el gran político occidental de su época». Por otro, el de la España liberal. Destaca que desde la muerte de Fernando VII en 1833 hasta 1923 «el país lo gobernó una u otra forma de liberalismo, generalmente bastante conservador», con lo que «España había sido gobernada por un régimen parlamentario liberal durante más años que ningún otro país extenso europeo».

Las dos españas

Franco sería la «última gran encarnación» del Gran Relato de la España tradicional. Para Payne, el final del franquismo, «marcó la clausura de una época histórica prolongada, la de una 'ideología española' basada en la unidad, la continuidad, la identidad y la misión católicas de una cultura y un conjunto de instituciones tradicionales, cuyas raíces estaban en el siglo VIII, o incluso antes. Para Payne, «lo singular de España no era que tuviera una ideología nacional», sino que se mantuviera con diversas formas y altibajos más de un milenio, convirtiéndose en «la concepción semicontinua más longeva del contexto europeo».

Para el historiador, «la historia es víctima de la política en España», lo que consideraba «un problema serio, mayor que en otros países». En su opinión, «algunas autonomías quieren hacer una historia que excluye a España». La conclusión que hace al final del libro es profética: «Las dos polémicas históricas principales -la relativa a la nación y la que se centra en la Guerra Civil y el franquismo, relacionadas entre sí- no tienen una solución inmediata, ya que las divisorias no son únicamente historiográficas, sino todavía más políticas y pervivirán mucho tiempo». Lo escribió en el 2008.

«ESPAÑA. UNA HISTORIA ÚNICA»

STANLEY PAYNE

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