El Náutico estrena residencia artística

Las instalaciones, que ha inaugurado Morgan, incluyen una casa para alojamiento, salas de ensayos, escenarios y estudio de grabación


O Grove / La Voz

Mil veces ha escuchado Miguel de la Cierva, propietario del Náutico de San Vicente, de músicos de toda calaña y condición aquello del lugar idílico e inspirador en referencia a su local y a su entorno. Pues bien, ha llegado la hora de que el anhelo de esos y otros artistas pueda verse satisfecho. No diremos que el Náutico se reinventa, porque en realidad este nuevo proyecto entronca fielmente con su esencia original, pero sí que amplifica y singulariza aún más su oferta. Y lo hace, con vocación desestacionalizadora, orientando la actividad de esta residencia artística principalmente a la que, en circunstancias normales, sería la temporada baja del circuito musical.

¿Y qué es en realidad esta residencia artística?, le preguntamos a su promotor. «Un espacio de convivencia, trabajo y creación en un entorno privilegiado al que los músicos pueden venir y en el que disponen de todo lo necesario para, por ejemplo, componer, ensayar, preproducir, grabar o explorar y probar nuevos formatos de directos, incluyendo la opción del streaming», responde Miguel de la Cierva.

Y lo de «disponer de todo lo necesario» es estrictamente riguroso. Desde el alojamiento -para lo cual El Náutico ha habilitado una casa de uso exclusivo para los músicos- hasta un estudio de grabación profesional, pasando por una confortable sala de ensayos con impresionantes vistas al Atlántico, el backline propio del local y los dos escenarios con los que cuenta El Náutico.

Los primeros en utilizarlo han sido Morgan, quienes la pasada semana se encerraron en San Vicente para avanzar en la preproducción de su próximo disco. Ayer entraron Julián Maeso, Adrián Costa, Juan Zelada y Alberto Anaut, cuatro veteranos del soul y del blues patrio, para modelar y grabar el que será su primer disco como formación. Tras ellos está previsto que ejerzan su residencia en El Náutico The Limboos, amén de otros destacados nombres de la escena gallega y española.

Además de para proyectos musicales, la residencia artística del Náutico también ha sido concebida para acoger actividades de formación. Este mismo año ya se realizaron algunas en colaboración con la Fundación Paideia y la idea es establecer las instalaciones de San Vicente como sede para el desarrollo de proyectos formativos relacionados con la creación musical, tanto desde el punto de vista creativo como desde el técnico. Siempre desde esa privilegiada filosofía de contar en un mismo espacio con todo lo necesario para su desempeño.

Incluidos los espacios de convivencia. Un aspecto esencial en la filosofía de este nuevo proyecto. De ahí la necesidad de contar con un alojamiento propio, una casa rodeada de un fenomenal bosque, ubicada también en San Vicente, en la que los músicos cuentan con todos los servicios que pueden requerir para su estancia.

Incide Miguel de la Cierva en que «la residencia viene a fortalecer ese valor que tiene El Náutico, y que tantas veces se me ha agradecido, como lugar de encuentro. Y es que los músicos vienen aquí a trabajar, pero también a relajarse, a inspirarse, a disfrutar de todo aquello que ahora en la ciudad se les niega».

La residencia de artistas del Náutico nace de momento como una iniciativa privada al ciento por ciento. «Soy consciente de que quizá no sea el momento idóneo para emprender», comenta De la Cierva. «Podría quedarme agazapado y aguardar tiempos mejores. Pero yo no soy mucho de esperar. Prefiero ir arrancándolo de una manera humilde y pausada, pero progresiva. Al igual que hice con El Náutico. Poco a poco, durante años. Y si en algún momento me llegan recursos de las instituciones, entonces aún cogerá más músculo».

Con esta residencia para músicos, El Náutico viene a reforzar aún más, si cabe, su relevante papel como foco de atracción. Papel que le fue reconocido hace un par de semanas con el premio Martín Códax de la Música a la mejor sala de conciertos de Galicia. Y que ahora se ensancha con esta residencia que su propietario concibe como una extensión del Náutico. «En este proyecto hay también mucho de romanticismo. Es algo que he querido hacer desde siempre y que muchos músicos me pedían. Ofrecer este entorno idílico que suponen El Náutico, la casa y el estudio para que puedan venir a hacer unos 'confinamientos voluntarios artísticos'». Ahí es nada.

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