Mi verano de novela

Este agosto, que llama al «sentidiño», queremos recordar los veranos más novelescos que vivimos. Borja Quiza, Érica Esmorís, Domingo Villar y Guadi Galego nos cuentan los suyos

Borja Quiza, Domingo Villar, Érica Esmorís y Guadi Galego cuentan sus mejores veranos
Borja Quiza, Domingo Villar, Érica Esmorís y Guadi Galego cuentan sus mejores veranos

En una tarde de recuerdos caben varios veranos. No hay límite en el disco duro de la memoria personal, aunque las escenas se apelotonen en la cabeza sin organizarse por carpetas. A Domingo Villar, que este agosto va masticando mentalmente un nuevo caso para el inspector Leo Caldas, le cuesta decidirse tanto como a Guadi Galego por un verano concreto. «Mi verano son todos; es la novela de la cotidianidad», asegura el autor, que tiene su paraíso en las Rías Baixas. Sin perder de vista los pequeños consuelos que ofrece este agosto (como turismo de proximidad y buenas lecturas), en cuanto a viejos veranos inolvidables la escritora Érica Esmorís, que abrió la feria del libro en A Coruña, y el barítono Borja Quiza lo tienen muy claro. Y es curioso porque los dos se deciden por California y los 90.

Borja Quiza, en su estudio de El Laboratorio, con una foto proyectada en la pared de su mejor verano, el del 96 en California
Borja Quiza, en su estudio de El Laboratorio, con una foto proyectada en la pared de su mejor verano, el del 96 en California

«Sensación de vivir»

El verano del 96 fue una aventura de novela, o de película, para el artista que aprendió a cantar de niño en las rodillas de su abuelo Pepe de Antonia. Borja Quiza sale en la foto en su estudio de su escuela de artes en A Coruña, El Laboratorio. La imagen que se proyecta en la pared es de su visita a los Universal Studios de Hollywood, una de las que conserva de aquel verano que exprimió en L.A. «Estuvimos con unos primos de mi abuelo, los hijos de unos tíos que emigraron a principios de siglo. Estuve en un pueblo del interior, Redding. Me pasé el verano entero en caravana recorriendo el estado de California y el de Nevada. Imagínate, ¡mil aventuras que contar!», comparte el barítono, que había cruzado el charco ya en el 94 por un viaje a Panamá que hizo con su madre. «Yo soy de familia viajera», comenta. Borja cuenta el viaje de un adolescente «que tiene los Estados Unidos mitificados y vive en un verano el contacto con muchas cosas, desde el surf o Disneylandia hasta ¡una nevera que echa hielo por la puerta! Era lo más americano del mundo. Recorrimos absolutamente todo el estado, desde Yosemite Park pasando por San Francisco, Los Ángeles, Monterrey, donde está el acuario más grande del mundo... Nos hicimos toda la costa de California, de Eureka a San Diego. Y en el estado de Nevada fuimos a Reno, 'la pequeña Las Vegas'», recuerda. Y estuvo en La Ponderosa, el rancho donde se rodó Bonanza. La novela, o la peli, no se agota. Además de su relato, ofrece una recomendación literaria: la novela El beso de Tosca, de Nieves Abarca, que califica de «fantástica y muy entretenida». «El protagonista es un barítono en el Liceu de Barcelona. Me gusta la escritora y me gusta el tema, así que la recomiendo doblemente», dice Quiza.

«Todos os veráns son os veráns da miña vida», apunta la escritora Érica Esmorís, que acaba de ganar el Premio de Literatura Infantil Ciudad de Málaga y comparte en Fugas una foto de hace unos días con su hija, Erin. Pero, si tuviese que elegir uno, por la fascinación que le produjo «e polo comezo da adolescencia e a liberdade», sería el del 94 en California. Esmorís es de la generación de Quiza.

La escritora coruñesa Érica Esmorís, este verano en Ancoradoiro junto a su hija.
La escritora coruñesa Érica Esmorís, este verano en Ancoradoiro junto a su hija.

«Tiña 15 anos, cumprín 16 en Los Ángeles. Foi a primeira viaxe longa que facía sen familia, sen meus pais e miña irmá. Daquela comezou a xuventude. O típico, Estados Unidos era o referente en música, con Pearl Jam e Nirvana; en series e películas, polo estilo de vida. Agora hai unha visión crítica, pero daquela estabamos namoradas de Sensación de vivir e de todo aquilo. Coñecelo de primeira man supuxo unha bomba. É máis, choraba cando miña nai chamaba a casa da señora coa que me aloxaba. Eu non quería volver nunca!», recuerda la escritora e ilustradora.

«Eu quería quedar a vivir en Disneylandia!», asegura la autora de Quen salva un can. Lo que quizá le llamó más la atención de ese viaje a su libertad fue el contraste de la idea que tenía de Estados Unidos y lo que fue. «As praias baleiras, a xente diferente ao que pensaba... E gustoume o que vin, pero non tiña que ver co que me chegaba pola música ou a tele. Un pouco o que pasa coas redes sociais: o contraste entre o que parece a vida en Instagram e o que é a vida real. Tamén recordo que me chamou a atención o nivel educativo. Eu convivía con dous host brother and sister. Un tiña 22 anos, eu 15, e relendo o seu exame de matemáticas vin que tiñamos o mesmo nivel! Recordo que iamos a clases de inglés polas mañás e a profesora facía preguntas parvas, como: 'Hai semáforos en España?'», cuenta. En su aventura americana, Érica conoció a algún famoso, como Eddie Murphy o el guitarrista de Bon Jovi. «Tamén recordo que engordei cinco quilos!», confiesa quien estuvo alojada en casa de un predicador. El corazón de esa aventura real está en su libro de ficción Ulises e as cronoamigas. Surfistas en California. Y su recomendación literaria este agosto es la novela Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson.

Domingo Villar, este verano en Baiona en una fotografía que le hizo su hijo de 7 años
Domingo Villar, este verano en Baiona en una fotografía que le hizo su hijo de 7 años

El paraíso en Galicia

Leo Caldas ha vuelto a rondar por el paraíso de su autor, Domingo Villar, que escribe con la cabeza (aún no con las manos) la próxima entrega de un inspector al que quieren decenas de miles de lectores, no solo en Galicia. Pero con el clima, el paisaje, la comida y la gente de las Rías Baixas él se ve que tiene algo especial. Su literatura es cómplice de su vida, de lo que aprecia y no falla. Domingo anuncia el último día de sol de este verano y confiesa que ha debido de engordar ocho kilos desde que llegó a Galicia. «Que nos quiten lo bailao...», dice.

Si se para a pensar, no se siente capaz de elegir uno solo. «Todos mis veranos son tranquilos, con mi familia y mis amigos. Nunca hago viajes exóticos. Mi verano es una novela costumbrista, que celebra la cotidianidad. Tiene personajes recurrentes y ambientes que se repiten año tras año», relata quien se ha ido desplazando al oeste, de Coruxo a la bahía de Baiona. Tranquilidad, lecturas, amigos, vino, música son algunas de las notas de lo que supone un gran verano para Domingo, volcado en los pequeños placeres y en los encuentros que celebran la vida.

Como «pesimista alegre», él hace brindis preventivos con su gente «por si todo sale mal». Las cenas que está disfrutando este verano en Baiona las cierra «con un brindis por la vida y la amistad».

El libro con el que posa Domingo Villar en la foto superior, que le hizo su hijo de 7 años, es una recomendación: Amor intempestivo, de Rafael Reig, «un tipo deslumbrante, con una mirada asombrosa». Más que una novela, «es una memoria vital».

La cantante Guadi Galego, este agosto con su hermana
La cantante Guadi Galego, este agosto con su hermana

Rewind, de Juan Tallón, es el libro que está leyendo Guadi Galego, y que recomienda. «É bastante durecha, pero está súper ben escrita, recomendaríaa totalmente». Guadi recuerda especialmente «os verán das xiras con Berrogüetto, «anos intensos nos que viaxaba moito sobre todo a Centroeuropa. Durmía un día nun lado e outro día noutro. Eran veráns nos que traballabamos moito e coñeciamos a moita xente distinta. E nos que chegabas coa maleta, tiñas que meter toda a roupa na lavadora e rapidamente había que secala para saír a outro lugar!». La cantante, que no deja de apreciar la belleza de los acantilados de Loiba, no es muy de verano. «Non me encanta o de sol e praia e esa onda. Os meus veráns son todos no meu pobo e disfrutando do cotián, sen esperar grandes eventos nin movidas», asegura.

Sus veranos de niña en casa de su tía en Moeche darían para una novela larga, casera, con niebla, con casa al lado del río «e unha pequena presa», como aquella en la que se bañaba, recuerda la autora de Immersion, de pequeña. «Eu nunca fixen unha viaxe de verán de dicir: 'Buá, me cambiou a vida'. O meu é un verán típico galego de calquera persoa normal, coa súa xente. Eu son moi do norte. Síntome moi afortunada co que teño ao pé».

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