Manolo y Ramón nunca fueron a cenar juntos

FUGAS

DÚO DINÁMICO

«Soy un truhan, soy un señor (o casi)» es el título de las memorias de Ramón Arcusa en las que desvela su relación «de hermano» con Julio Iglesias

03 jul 2020 . Actualizado a las 08:49 h.

Son el dúo que más hemos cantado, el que probablemente ha bailado más de una generación, y el que más hemos aplaudido en esta pandemia. Y sin embargo, no han ido a cenar nunca juntos fuera de los bolos del escenario. Jamás compartieron teatro o una cena con sus respectivas esposas, siendo una pareja de amigos íntimos. Cualquiera diría que es la forma de resistir en un matrimonio largo, pero ese pragmatismo es el que ha conseguido de verdad que Ramón Arcusa y Manolo de la Calva hayan llegado hasta aquí, sesenta años después de su primer éxito, juntos. Lo cuenta Ramón en las memorias que acaba de publicar, Soy un truhan, soy un señor (o casi), en las que repasa una trayectoria brillantísima y relata infinitas anécdotas alrededor de celebridades como Julio Iglesias o Joan Manuel Serrat.

Ramón, el guapo del Dúo Dinámico, no tiene nada que ver con el perfil que transmitía en las películas de Marisol, ni el que proyectaba en sus portadas vestido con jersey rojo. De pijo, nada de nada, muy al contrario: Ramón sufrió las carencias de una familia maña que emigró a Barcelona, como tantas otras, para mejorar. Su madre limpiaba en una casa y su padre era fresador en una fábrica, pero él, que conoció a Manolo en la misma empresa en la que trabajaba como delineante, nació con un don: el buen oído. Esa unión casual los aupó, a finales de los cincuenta, al éxito después de que los dos se pusieran a cantar en una cena de empresa White Christmas. ¡Entonar en inglés en esa época ya era mucha conexión! Desde ese día los mundos de Ramón y Manolo se encaminaron hacia la misma meta: conseguir vivir de la música. Y como cuenta en estas memorias, que no son precisamente un prodigio de estilo, pero están llenas de curiosidades, ambos se propusieron desde el principio dar en todo momento los mejor de sí mismos.

Ese empeño y su rendimiento altísimo siempre los mantuvo en la cumbre, porque incluso cuando decidieron retirarse, se pujó por su regreso. Los convencieron por una actuación de solo dos canciones por 900.000 pesetas del año 78, un requerimiento personal del empresario Antonio Asensio, que se presupone debía ser fan.