Manolo y Ramón nunca fueron a cenar juntos

«Soy un truhan, soy un señor (o casi)» es el título de las memorias de Ramón Arcusa en las que desvela su relación «de hermano» con Julio Iglesias


Son el dúo que más hemos cantado, el que probablemente ha bailado más de una generación, y el que más hemos aplaudido en esta pandemia. Y sin embargo, no han ido a cenar nunca juntos fuera de los bolos del escenario. Jamás compartieron teatro o una cena con sus respectivas esposas, siendo una pareja de amigos íntimos. Cualquiera diría que es la forma de resistir en un matrimonio largo, pero ese pragmatismo es el que ha conseguido de verdad que Ramón Arcusa y Manolo de la Calva hayan llegado hasta aquí, sesenta años después de su primer éxito, juntos. Lo cuenta Ramón en las memorias que acaba de publicar, Soy un truhan, soy un señor (o casi), en las que repasa una trayectoria brillantísima y relata infinitas anécdotas alrededor de celebridades como Julio Iglesias o Joan Manuel Serrat.

Ramón, el guapo del Dúo Dinámico, no tiene nada que ver con el perfil que transmitía en las películas de Marisol, ni el que proyectaba en sus portadas vestido con jersey rojo. De pijo, nada de nada, muy al contrario: Ramón sufrió las carencias de una familia maña que emigró a Barcelona, como tantas otras, para mejorar. Su madre limpiaba en una casa y su padre era fresador en una fábrica, pero él, que conoció a Manolo en la misma empresa en la que trabajaba como delineante, nació con un don: el buen oído. Esa unión casual los aupó, a finales de los cincuenta, al éxito después de que los dos se pusieran a cantar en una cena de empresa White Christmas. ¡Entonar en inglés en esa época ya era mucha conexión! Desde ese día los mundos de Ramón y Manolo se encaminaron hacia la misma meta: conseguir vivir de la música. Y como cuenta en estas memorias, que no son precisamente un prodigio de estilo, pero están llenas de curiosidades, ambos se propusieron desde el principio dar en todo momento los mejor de sí mismos.

Ese empeño y su rendimiento altísimo siempre los mantuvo en la cumbre, porque incluso cuando decidieron retirarse, se pujó por su regreso. Los convencieron por una actuación de solo dos canciones por 900.000 pesetas del año 78, un requerimiento personal del empresario Antonio Asensio, que se presupone debía ser fan.

Ramón tira del pasado y recuerda también cómo en el 68 se quedaron «confinados» en Ourense, después de una actuación en la sala Auria, adonde venían mucho. En el hostal, aburridos, Manolo empezó a tararear la melodía del La, la, la que luego triunfó en Eurovisión. La historia ya la saben, pero Ramón desvela cómo fue en realidad su relación con el Nano, porque a Serrat se la ofrecieron y luego él, después de aceptar y difundirla por Europa, quiso presentarla en catalán y no pudo ser. «Massiel se celaba de nuestro buen rollo con Joan Manoel», viene a decir Ramón, que reconoce que fue Serrat quien retomó el vínculo con ellos años después. «En el 2012 grabamos el álbum Somos Jóvenes con varios artistas y recibimos la llamada de Serrat: “Que no m'estimeu?” (¿Qué pasa, no me queréis?) y terminó cantando en el disco su La, la, la en catalán. A Ramón se le nota bien su idea de país en unas páginas en las que aparecen grandes personalidades de la música. De Frank Sinatra («el mejor cantante del mundo para Ramón») a Stevie Wonder. A Rocío Jurado le da caña por ponerse a cantar toda una noche en una cena de Fin de Año («A ver, entre colegas no se da un concierto») y su amor por Julio queda patente en un título que da la clave de lo que han sido casi 20 años de colaboración estrecha. El mejor Julio, desde 1977 a 1995, desde el Truhan al Bamboleo, es obra de Ramón. Porque entre ellos ha habido también un dúo intenso, explosivo y lleno de verdad, como hermanos. Esa parte de la historia es la que llama más la atención: detrás de Manolo y Julio, ha estado la sombra robusta y tímida de Ramón.

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