«Si algo funciona, es que es viejo»

«Bowie por Bowie» agrupa algunas de las entrevistas que el Duque Blanco concedió a lo largo de su dilatada carrera y una nueva oportunidad para entender mejor al genio irrepetible


Cuando David Bowie murió, hizo ahora cuatro años, una punzada de dolor recorrió el mundo y dio la medida de la importancia que este artista excéntrico, imprevisible y genial tenía para la cultura planetaria. Durante décadas, Bowie representó la modernidad a través de una peculiar visión del mundo, la música y el arte en general. Bowie tenía su universo, una perspectiva única desde el que mirarlo y un enorme talento para interpretarlo. Bowie por Bowie, el libro que recoge algunas de las entrevistas que concedió durante toda su carrera, constituye una nueva oportunidad para introducirse en el interior del artista a través de sus propias palabras. Agrupadas por el periodista y escritor Sean Egan constituyen un viaje desde 1969 a 2003, cuando el Duque Blanco dejó de dar entrevistas.

La primera recomendación a la hora de afrontar esta lectura es hacerlo con los auriculares puestos y conectados a una plataforma de streaming. No hay mejor manera de acompañar al genio en sus citas (en casi todas hay música de fondo) más serios o más disparatados con periodistas de todo tipo: amiguetes, fans, deslumbrados, escépticos… Bowie sale triunfador de casi todos los encuentros, muy frecuentemente con argumentos desconcertantes pero nunca irrelevantes. Casi siempre, profundo. «Sinceramente, deseo que se me reconozca como compositor, pero les pediría [al público], que no escarben demasiado profundo en mis canciones», le explicaba al periodista del New Musical Express en 1969. Se vivía en plena explosión de Space Oddity y Bowie ya deslumbraba con su música, pero también con su aspecto: «Simplemente quiero cantar para aquellas personas que desean escucharme. Eso sí, me niego a cortarme el pelo o cambiar mi aspecto por quien sea. Estoy bastante contento con cómo me veo y la gente tendrá que aceptarme tal y como soy sin preocuparse en absoluto».

Tres años después, con The man who sold de world y Hunky Dory ya publicados, Bowie concedió una entrevista muy recordada y que, en alguna medida, refleja la relación del genio con la prensa: «Soy gay y siempre lo fui. Incluso cuando era David Jones», le espetó al Melody Maker. Esta declaración, hoy está prácticamente normalizada, pero en 1972 no era un característica que entusiasmara al mercado del rock. Sin embargo, Bowie, hizo de su declaración, un nueva seña de distinción frente a su entorno, un elemento más de provocación que le encantó a su público, siempre deseoso de escandalizar a sus mayores. Mientras le contaba esto al periodista, Michael Watts, sonaba algo nuevo y nuevamente genial: The rise nd fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars. El artista estaba en pleno éxtasis creativo: «Voy a ser alguien muy grande y eso es algo bastante aterrador en cierto modo, porque sé que cuando alcance la cima y sea hora de desaparecer, habré dejado huella».

En cada entrevista, David Bowie se muestra como un personaje distinto, en permanente evolución, escapando de sus creaciones anteriores para buscar una nueva máscara desde la que comunicarse con el público. «Todo lo que hago me aburre con el tiempo, es cuestión de saber cuándo parar», le cuenta a un periodista del Melody Maker a finales de 1974, incidiendo en una idea que le guiará por toda su trayectoria: «Si algo funciona, es que es viejo».

Lou Reed, Bruce Springsteen, Iggy Pop, Brian Eno y otros circulan por los camerinos, los estudios de grabación o las habitaciones de hotel que sirven de escenario para estas entrevistas. El tabaco es otro elemento omnipresente que los periodistas no se olvidan de citar. El New Musical Express le preguntó en 1995 si, fumando tanto, no le preocupaba la mortalidad: «No. Me encanta la muerte. Cuanta más muerte, mejor. Creo que es algo bueno, ja, ja, ja». También hay momentos de introspección y pesimismo. Durante la promoción de Heroes, el segundo álbum de su trilogía berlinesa, Bowie en relación con los marginados de la capital alemana, Bowie le contaba al Melody Maker a finales de 1977: «El único acto heroico que uno puede sacar del bolsillo en una situación semejante es sintonizar con la vida y sentir un poco de placer por el hecho de seguir vivo a pesar de todas las posibilidades de matarse que existen».

Es posible encontrar en esta antología todo tipo de reflexiones por parte del artista, visionarias pero también contradictorias. Y con un abundante sentido del humor. En 1995, Dominic Wells del Time Out, le preguntaba si le dolía que mucha gente le considerara como un imbécil pretencioso: «No recuerdo una vez que no se haya dicho eso».

La recopilación de Sean Egan es un documento poco menos que imprescindible para la legión de seguidores que David Bowie dejó tras de sí. Fue publicado en Estados Unidos en el 2015, unos meses antes de la muerte del artista y diez años después de que Bowie dejara de dar ruedas de prensa. Esta es la última respuesta recogida en este volumen: «¿Si me siento afortunado? Te diría que la suerte no ha tenido nada que ver con eso. Podría darle gracias a Dios, sí, ¿pero a cuál?».

SUS CITAS

AÑO 1969

Soy gay y siempre lo fui. Incluso cuando era David Jones

AÑO 1973

Debo explicar que no sé necesariamente de lo que hablo en mis letras

AÑO 1977

Mi compromiso no estuvo en el rock'n & roll. Solo fui un pintorzuelo que buscaba un nuevo medio para trabajar

AÑO 1997

Sé lo que sucede cuando toco los clásicos. Conozco el resultado. Entonces, ¿para qué querría hacerlo nuevamente?

AÑO 2004

Cuando me pongo a filosofar me machaco con las mismas preguntas que me hago desde los 19 años

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