Retrato de un lugar y un tiempo a través del diseño de sus discos

Más de 400 portadas de elepés y 250 singles alberga la muestra «Xirarei, deseño de cubertas no disco galego 1955/1995», que, comisariada por Fausto Isorna, se puede ver en el Auditorio de Galicia


Esta non é unha historia da música galega». Es la primera frase con la que se topa el visitante nada más acceder a la sala de exposiciones del Auditorio de Galicia, en Santiago. Una advertencia que en todo momento se ha de tener en cuenta mientras se realiza el apasionante recorrido por esta muestra. «Esto es un recorrido por el trabajo de los artistas -fotógrafos, diseñadores e ilustradores- que dieron forma gráfica a la música gallega», puntualiza Fausto Isorna, diseñador y comisario de esta exposición, en la que ha invertido un intenso año de trabajo. 

Resumida en fríos números -resumen del todo inapropiado teniendo en cuenta el vibrante factor emocional que impregna cada rincón de la muestra- Xirarei acoge en torno a 400 portadas de elepés publicados entre 1955 y 1995, más de 250 singles, dos secciones monográficas dedicadas a Andrés do Barro y Ana Kiro, tres apartados para las creaciones gráficas de Xoán Piñón, Pepe Barro y Víctor Aparicio, una pequeña colección de carteles, otra de tocadiscos vintage y dos proyecciones audiovisuales: Pardo por la música y Do Paraninfo ás top list.

Pero el gran atractivo de esta exposición trasciende a lo cuantitativo, al innegable valor artístico de su contenido e incluso al cierto carácter fetichista que tiene. El gran atractivo de Xirarei deriva de lo atinado de su configuración que convierte su recorrido en constante un juego con el espectador, en el que, amén del contenido informativo, no faltan el humor, los guiños visuales y mil y una sorpresas que se van descubriendo a cada paso.

Las portadas se muestran en su mayor parte en paneles con 9 discos. «El criterio según el cual están agrupados no tiene nada tiene que ver ni con lo musical ni con lo cronológico sino con lo temático», explica.

Laxeiro, seoane o miró

Así, podemos encontrar un panel de portadas de discos de muy distintas épocas en las que de una u otra manera aparece la bandera gallega. Otras en las que el elemento central es el mar, las tabernas populares, el mundo rural, las estéticas urbanas, los paisajes de las postales o los retratos. También hay paneles dedicados a portadas minimalistas, otros a las de pop colorista, a las naífs, a las que incluyen referencias sexuales o a las que lucen obras como Laxeiro, Seoane, Picasso o Miró. Pero, insiste Isorna, manteniendo siempre el criterio estético y obviando lo musical. «En un mismo panel te puedes encontrar discos que son un truño junto a obra maestras. Yo me fijaba solo el diseño de sus portadas».

Aun así, en Xiarei están presentes la mayor parte de los discos icónicos e históricos que se editaron en Galicia entre aquellos años. Y, por supuesto, todos nuestros grandes grupos junto a un sinfín de artistas y formaciones cuya existencia es casi siempre desconocida. Como no podía ser de otra forma, la exposición cuenta con sus pequeños tesoros y rarezas. Desde el primer disco editado en Galicia -un single de Joselín de 1955-, hasta otro con un discurso de Franco cuya portada ilustraron, a reñagadientes, los diseñadores del prestigioso Grupo 13. «El disco que más me costó conseguir fue la primera edición de Aí ven o Maio. Ni siquiera Batallán lo tenía», comenta Fausto Isorna. «En cuanto a singles sí que hay algunas joyas como algunos discos de Los Sprinter’s o de Los Murciélagos».

La mayor parte de los discos expuestos provienen de las colecciones de la Biblioteca de Galicia y del archivo sonoro del Consello da Cultura Galega, si bien también hay numerosas aportaciones de coleccionistas privados, incluido el propio Fausto Isorna, un apasionado del disco como objeto. De hecho en la muestra hay cuatro portadas de su autoría. «El vinilo tiene esos 31 centímetros cuadrados que ocupan todo tu campo visual. Además estás trabajando con un producto cultural, como es la música, que emociona e inspira. Es un soporte comunicativo fantástico».

En recorrer Xirarei se pueden emplear tranquilamente un par de horas. Tal es la cantidad de detalles, de información y de curiosidades que ofrece. A cada vistazo se descubre algo nuevo, un nexo que había pasado inadvertido, una clave con la que no habías dado en la mirada anterior.

El disco como objeto de arte se revela fascinante. Y su recorrido histórico, verdaderamente aleccionador. Diseños que son testigos fieles de unas épocas a las que sus contenidos pusieron banda sonora.

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