Ismael Serrano: «Hay temas de amor que son casi un chantaje sentimental»

Ismael Serrano llega a Galicia, con paradas en Vigo (hoy, Teatro Afundación, 20.30 horas) y A Coruña (mañana, Teatro Colón, 20.30 horas)


Veinte años con la guitarra, la poesía y las historias. Ismael Serrano cumple dos décadas en el mundo de la canción y lo celebra tocando. «Cuando uno empieza tiene muy claro lo que no quiere pero no tanto lo que quiere. Poco a poco vas teniendo más claro lo que quieres y vas tomando el camino para llegar a ese lugar», dice a modo de resumen.

-¿Cuántas veces le han dicho que dejase a un lado la política en su música?

-Pocas, porque es algo que he tenido siempre clarísimo. Es mi forma de ser y estar. Canto a las cosas que me emocionan y, además del amor y el desamor, me emociona la visión de un mundo desigual y me siento interpelado por la realidad social. Me gusta cantarle a los anhelos y las frustraciones colectivas. Eso forma parte de la tradición del cantautor, desde Woody Guthrie a Rozalén. Pero es que yo, cuando me presenté, mi primer single fue Papá, cuéntame otra vez. Desde el principio fui claro y me han respetado mi forma de ser.

-Uno de los argumentos contra la canción política es que nace en una situación y, luego, pierde el sentido. ¿Qué piensa?

-A veces toman un nuevo sentido, pero aunque así fuera, que se tratase de temas coyunturales que apelan a un momento, como testimonio de lo que hemos sido tampoco no está mal. Ese argumento se carga al 70 % de la literatura universal. En mi caso, por ejemplo, Papá cuéntame otra vez la canto desde la perspectiva de un padre que trata de encontrar un relato para su hija. Antes la cantaba como un hijo. ¿Pasará de moda porque dice que ahora la gente muere en Bosnia y antes en Vietnam? Pues no, porque yo creo que habla de ese reproche que se perpetúa en el tiempo, porque es ley de vida.

-En una entrevista dijo que había detectado «micromachismos» en su música.

-Cuando leí luego lo de micromachismos me chirrió un poco, porque no es «micro» ni nada, son machismos y punto. Muchas veces las canciones de amor se plantean casi en términos de chantaje sentimental. Lo decía de manera genérica, tratando de quitarle dramatismo a eso de no cambiar ni una coma. Pues no, no pasa nada por darle otra mirada. El otro día me dijeron que en el pasado decía que no entendía a las mujeres. Pues eso es una soberana tontería y una generalización absurda. Hay una canción que dice que volveré a decirte barbaridades por la calle. Eso me incomoda. Y no pasa nada por admitirlo y revisarlo.

-Tiene una imagen pública muy solemne y seria. Sin embargo, en su cuenta de Twitter da rienda suelta a un agudo sentido del humor. ¿De dónde sale?

-Bueno, el humor siempre ha estado. Pero es verdad que, cuando empiezas, sientes que la industria musical es un territorio hostil. Eres joven, estás comprometido y todo el rato es una pelea por guardar las esencias y no contaminarte. Con el paso del tiempo, ganas seguridad, se te respeta más y no tienes esa necesidad. Te relajas. Pero, además, está la vida. Con 20 años piensas tener todas las respuestas. Eres rotundo y contundente. No está mal serlo, sobre todo en un contexto donde nadie lo es. Pero avanzas y la paternidad te pone todo patas arriba. El foco dejas de ser tú y te das cuenta que te tomas en serio cosas que a lo mejor no hay que tomarse tanto. También descubres que reírte de ti mismo es muy saludable y sufres menos. No pasa nada. Es divertido y ya está.

-¿Eso lo traslada ahora al escenario?

-Es un reto. Llevarlo al escenario y al discurso. Pero, ojo, que luego hay un momento en el que no puedes tomarte nada en serio. Ese punto lo tiene un cierto pop indie, esa especie de parodia permanente llegando a lo autoparódico. Cuidado, porque uno también puede cruzar esa línea que yo no quiero cruzar. Hay cosas que son serias y no admiten otro registro. No todo tiene que ser una parodia.

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