El hijo termina el disco que Cohen dejó sin acabar

«Thanks for the Dance» completa las canciones que Leonard Cohen dejó esbozadas antes de morir y es el broche de oro a la discografía de uno de los grandes


Dan siempre un poco de miedo estas grabaciones pos-mortem en las que el autor no está para editarlas, dejando claro que es exactamente lo que él quiso registrar. Pero una simple escucha de Thanks for the Dance permite concluir que, en efecto, este es un álbum de Leonard Cohen de pleno derecho. Creado a partir del disco inacabado del canadiense, que dejó un puñado de temas embrionarios por terminar cuando grabó You Want It Darker (2016), se trata de un trabajo dirigido por su hijo Adam Cohen, que cumple el deseo que le confío su padre.

Leonard Cohen quería que se terminaran aquellas piezas, algunas de ellas limitadas a una simple grabación de voz y breves trazos de cómo deberían continuar. Había indicado a su hijo qué tipo de instrumentación quería y qué sentimientos latían en cada pieza. Con esas líneas, Adam acudió a sus colaboraciones habituales y músicos con los que existía una conexión especial. Por los créditos desfilan nombres como Javier Mas (músico de directo de Cohen en los últimos años), Damien Rice, Leslie Feist, Richard Reed (Arcade Fire), Bryce Dessner (The National), Beck o Daniel Lanois.

COMPLEMENTO DE LA TRILOGÍA FINAL

El resultado es un notable complemento a la trilogía final de Cohen formada por Older Ideas (2012), Popular Problems (2014) y el citado You Want It Darker. En ellos patentó una fórmula sonora minimalista de voz ronca, instrumentos de cuerda y teclados mínimos. Se respeta escrupulosamente. Lo más alejado se encuentra en The Night Of Santiago, adaptación de La casada infiel, de Lorca, con palmas discretas y aún más discretos (pero maravillosos) coros de Silvia Pérez Cruz.

Pero quizá por respeto y fidelidad, este álbum no contiene virajes extraños ni licencias fuera del ejercicio de estilo. Todo suena familiar en él. La titular Thanks For The Dance parece la hermana anciana de Take This Waltz, con vaivén de vals y telón de voces femeninas. It's Torn juguetea con imágenes poderosas («Está roto donde hay belleza / está roto donde hay muerte») y amagos de dulzura. Y, sí, en The Goal se recrea en la recta final del ser humano contemplándola sin torcer la mirada. Líneas como «No puedo salir de casa / o responder el teléfono / estoy cayendo de nuevo / pero no estoy solo» o «me siento en mi silla / y miro la calle / el vecindario devuelve / mi sonrisa de derrota» obligan a tragar saliva.

Corto en duración (apenas 29 minutos) pero generoso en su belleza de plomo y con momentos de pellizco (¡The Hills y esas voces femeninas en segundo plano que la elevan a algo sublime!), Thanks For The Dance no decepciona en absoluto. Tampoco pide trato de obra menor. Más bien se revela como todo un acto de amor que, además, ejerce de epílogo de un artista fundamental. Esa última etapa, lejos de la decadencia, supuso una de las mejores trayectorias de la música popular de este decenio. Esta exhalación de talento lo deja de manifiesto.

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