Elton John, el infierno del genio

El cantante se despide del escenario con un desnudo integral de su carrera y su vida


John Elton le llamó Groucho Marx, que no entendía cómo podía ir antes el apellido que el nombre. «Me acordé de Groucho en Buckingham Palace cuando me nombraron caballero, porque así fue como el lord chambelán me anunció ante la reina: 'Sir John Elton'», cuenta el grande que debutó con 23 años en EE.UU. con mono amarillo chillón y botas aladas. Vuelen. Bienvenidos a un estriptis natural, crudo, magnético de 400 páginas que son como una vela bajo el viento. Yo, Elton John nos pone del revés desde el principio, desde la infancia truncada, de padres infelices y grandes trifulcas y carencias de afecto, en la que se forjó el genio, la superestrella que pagó con dolor las carencias afectivas y el aterrizaje forzoso del éxito. Este viaje con música, drogas, pérdidas, amigos, enfermedad e increíbles anécdotas que bailan entre lo cotidiano y lo royal arranca en Pinner, en un barrio periférico del Londres de los cincuenta.

Elton John no podía soportar, revela, ni mirarse al espejo. «Odiaba lo que veía, demasiado gordo, demasiado bajo...», escribe. Fue su madre quien le hizo escuchar a Elvis por primera vez, y también la que le enseñó a usar el orinal atizándole «con un cepillo de alambre hasta hacerme sangrar».

En la coca, dice, encontró un afrodisíaco mortal. «Pero nunca me gustó demasiado lo de follar. Yo era un observador, un voyeur. Ajustaba mis perversiones de algún modo, tenía dos o tres tíos haciendo cosas para que yo mirara. Era de ahí de donde yo extraía el placer sexual», confiesa. 

La ausencia de su padre, su debililidad por su abuela Ivy (con quien guarda un notable parecido, a juzgar por una de las fotografías que incluye el libro), su loca deriva emocional antes de asentarse con su marido, David Furnish, van atrapándonos en este relato con veranos calurosos e inviernos templados. La crudeza, la sordidez, las apariencias y la soledad coquetean con el glamur, los excesos y la muerte en un concierto de rock por capítulos que condensa la frenética carrera de música y vida de un artista solo superado en ventas por los Beatles y Madonna. Son solo dos de los famosos que acompañan esta travesía drag-dickensiana de altura y bajos fondos, donde alternarán con la reina madre, el príncipe Enrique, Katharine Hepburn, Peter Sellers, John Lennon, Freddie Mercury, Elvis Presley, Lady Gaga o Lady Di. La princesa Diana protagoniza una de las anécdotas más jugosas, y una de las escenas más emotivas, de esta gira autobiográfica que revela la sexualidad tardía de Elton John, sus fantasma, sus (teatrales) intentos de suicidio y cosas que no creerían.

Sobre su amiga Diana, a la que conoció en el 81 justo antes de su matrimonio con Carlos, cuenta que «los hombres hetero parecían perder por completo la cabeza en su presencia: se quedaban totalmente hechizados». Para muestra, el artista detalla la pelea que libraron en un pasillo de su casa de Woodside Sylvester Stallone y Richarg Gere, que acababa de romper con Cindy Crawford. «Richard Gere y Diana parecieron conectar. Terminaron sentados juntos en el suelo, frente a la chimenea, enfrascados en una conversación absorbente. A juzgar por las miradas que les estaba dirigiendo todo el rato, parecía que a Stallone no le estaba sentando bien la perspectiva de una floreciente amistad entre Diana y Richard Gere...», detalla.

El descubrimiento, a los 60, de su deseo de ser padre es un punto y aparte en la historia del mito que sobrevivió a su infancia y se sobrevivió a sí mismo. El cáncer de próstata fue para él un último aviso. Ver crecer a sus dos hijos, un aliento vital para continuar. Elton John, o John Elton, sabe que la pregunta no es el hipotético «¿y si...?». Él les descubre cuál es la cuestión.

Elton John anuncia su gira de despedida en el 2020. Descubran a Reginald Kenneth Dwight, al hombre tras las gafas de colores, descubran qué sostiene a una vela en el viento.

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